Distinción a Eugenia Sacerdote de Lustig

“Hace unos días nos encontramos con Eugenia en su departamento y filmamos un pequeño video donde le hacía entrega de la Medalla del Bicentenario porque, inicialmente, ella pensaba que no iba a poder venir. Pero acá está firme, presente, con todos nosotros. Y este es un gesto que la pinta de cuerpo entero. Porque la historia de Eugenia Lustig es la historia de una mujer imparable, con arrojo, vocación y compromiso irrefrenables.”Esto es lo que me transmitió no solo en el encuentro que tuvimos recientemente, sino en un entrevista que le hice hace 15 años, cuando ella todavía trabajaba en su laboratorio a los 80 y pico, ¿se imaginan?. Y yo era periodista.
“Hoy estamos homenajeando ese arrojo, ese compromiso, esa vocación tan profunda que la llevó a atravesar barreras y obstáculos que habrían acobardado a la mayoría de nosotros antes de comenzar.

“Eugenia terminó el colegio y supo que quería estudiar medicina. Pero ¿cómo iba a hacer si las mujeres no estudiaban en esa época? Entonces habló con su prima, Rita Levi -que también quería ser médica y que es Premio Nobel-, y tramaron cómo entrar a la Universidad porque habían recibido una educación para señoritas que no las preparaba, que les impedía acudir.

“Cuando se recibió como una de las primeras mujeres médicas de Italia -toda una proeza- y comenzó a trabajar en investigación, que es lo que le gustaba, Mussolini dictó leyes raciales antisemitas que impedían trabajar a los judíos. Así, Eugenia y su marido tuvieron que huir y llegaron a Argentina en 1939, con una pequeña hija.

lustig 5“Eugenia dejó su familia, sus afectos y su historia en Europa. No hablaba el idioma ni conocía a nadie. Tenía que cuidar a su pequeña hija y luego a otros 2 más.Eso habría terminado con cualquier vocación. Pero no la de Eugenia Lustig.

“Una vez que la familia se estabilizó, y en este sentido -estoy segura de que ella querrá que brindemos también un reconocimiento a su cuñada quien la ayudó a criar a sus tres hijos-, Eugenia empezó a ir a la biblioteca de la Facultad de Medicina.
‘…En esa época estaba en la Avenida Córdoba, donde ahora funciona la Facultad de Ciencias Económicas. Yo no conocía a nadie. Empecé a hablar con la bibliotecaria, que era muy simpática, muy amable y me ayudaba mucho. Yo le preguntaba: “¿Dónde está la cátedra de Anatomía? ¿Dónde está la cátedra de Fisiología? ¿Cómo es el nombre del profesor de tal materia? Y así me iba enterando e iba anotando todo, hasta el día que le pregunté por la cátedra de Histología, que era la que a mí realmente me interesaba. Fui directamente a la Cátedra de Histología y me presenté diciendo ‘Yo sé hacer cultivo de células vivas’. ‘Ah bueno, si usted quiere una silla y una mesa, se la podemos dar’, me contestaron…”“Sin cargo, sin pedir nada a cambio, por amor, la Dra Lustig introdujo en el país el cultivo de células vivas in vitro. Ella iba al mercado a la mañana, compraba una gallina y, ayudada por un portero, la mataba para extraer células vivas para sus estudios. A medida que fue mostrando su talento llegó a conocer a Bernardo Houssay quien ya era una eminencia.
“Cuando se desató la epidemia de poliomielitis en nuestro país, Eugenia Lustig desempeñó un papel protagónico. Era Jefa de Virología del Instituto y ‘…la Organización Mundial de la Salud me mandó a Estados Unidos porque recién se empezaba a hablar de una posible vacuna que estaba preparando el profesor Jonas Salk…’

‘…Trabajábamos en una especie de campamento con un grupo grande de médicos de todas partes del mundo. Cerca había un lugar que parecía un jardín de infantes de lujo, con bananas, música funcional y ahí estaban los monitos, lindísimos, pero después los teníamos que inocular con el virus de la poliomielitis. Y, al día siguiente, había que matarlos y debíamos ponernos a estudiar toda la médula dorsal y el cerebro para ver la vacuna servía o no. Me daban pena esos monitos Rhesus de la India. Después me mandaron a Canadá y allí no había monos de la India sino del África. Estos monos eran más altos que un hombre y yo me encontraba completamente perdida, porque cada vez que le tomaba el brazo a uno para intentar hacerle la inoculación en la vena, el mono, con el otro brazo, me golpeaba la mano y me rompía la jeringa, que en esa época era de vidrio’.

lustig 3“Finalmente regresó a Argentina convencida de que la solución era la vacuna desarrollada por Jonas Salk. Pero aquí la gente no se quería vacunar. Para convencer a la audiencia, Eugenia Lustig no escatimó esfuerzos: se vacunó en público y lo mismo hizo con sus propios hijos.

“También trabajó intensamente en el estudio de las células cancerígenas hasta que una lamentable ceguera le impidió seguir mirando a través de su preciado microscopio (lo que estudiaba era la degeneración de las células neuronales atacadas por Alzheimer).“Como dije al principio, el arrojo, la vocación incondicional, irrefrenable, han sido el sello de una vida dedicada a la ciencia y a encontrar soluciones para algunas de las peores enfermedades de la humanidad.

“Querida Eugenia, como mujer, como científica y como ciudadana hoy le hacemos este profundo reconocimiento en nombre del Senado y la Nación Argentina.”

También invitamos a hablar a su discípula, la Dra. Elisa Bal de Kiev Joffé, quien brindó su reconocimiento y nos ilustró sobre la personalidad de Eugenia. Estas son algunas de sus impresiones:

“Haciendo mías las palabras expresadas por el Dr. Osvaldo Fustinoni, cuando le entregó a la doctora el Premio Hipócrates 1991, la mayor distinción que un médico argentino puede recibir, “la vida de la Dra. Lustig es la historia de una pasión”. Creo que es la definición más sintética y elocuente de la vida de Eugenia. A lo largo de su vida enfrentó con decisión y superó todo tipo de problemas que podrían haber significado la claudicación en cualquier otra persona. Ninguno de ellos impidió que cumpliera con todos los roles que ella eligió: el de mujer, esposa, madre y abuela, el de docente, el de científica eminente y el de formadora de científicos.

“Su creatividad no ha tenido fronteras y según sus propias palabras: “cuando tiene una idea para investigar siente una especie de fiebre que no la deja dormir”. Trabajó en el laboratorio y en su casa (cuando las obligaciones familiares le dejaban un poco de tiempo). Cada lunes después de leer incansablemente los fines de semana llegaba al laboratorio con ideas y proyectos nuevos y temas de discusión. Y esto que les estoy contando no es historia antigua, sino parte de un pasado muy reciente, ya que la Doctora siguió concurriendo al Roffo hasta el 2004. Y sigue interesada en la ciencia y en el quehacer cotidiano del laboratorio hasta el día de hoy, recién cumplidos los 101 años.

“Cada día, durante muchos años, hemos disfrutado de los almuerzos, en una mesa donde nos reunimos investigadores, becarios, técnicos, administrativos: la charla podía tratar temas científicos, de actualidad o de la vida, y en todos la doctora Eugenia, siempre al día, y con sencillez y modestia increíbles, tenía algo para aportar. Un aspecto que no muchos conocen es que la creatividad de Eugenia no se ha limitado a la ciencia: en los festejos del laboratorio, los cumpleaños o las despedidas era siempre ella quien escribía la mejor dedicatoria, generalmente en forma de poesía, con humor y emotividad. También quiero contarles que era una tradición en el laboratorio festejar el cumpleaños de la doctora comiendo el delicioso turrón de chocolate que nos traía cada año, y que ahora seguimos disfrutando en su casa, cuando desayunamos con ella en el día de su cumpleaños.

(…)

“Para sintetizar el pensamiento filosófico de la Dra. Sacerdote de Lustig frente a la ciencia, me gustaría leerles algunas definiciones, que ella ha expresado a los medios en los últimos años: ‘…La ciencia sirve para reunir a los pueblos, porque los científicos hablamos todos el mismo idioma. Esta unión es mucho más sólida que la globalización obligatoria en que estamos inmersos‘.

“También expresó: ‘La investigación es un proceso sin fin que provoca siempre sorpresas, y nunca se sabe como será su desarrollo futuro. Sin embargo, el peligro de la humanidad no es la sabiduría sino la ignorancia. La ciencia no conduce ni al odio ni al racismo. Es el odio el que recurre a la ciencia para justificar el racismo.’

(…)
“Quisiera terminar esta presentación haciendo mías nuevamente las elocuentes palabras del Dr. Fustinoni: “‘Señores, este es un resumen de la vasta labor científica y apenas un esbozo de su actuación profesional. Pero dije al principio que su historia es la historia de una pasión. Es que la vida del laboratorio tiene una profundidad y una belleza que sólo sienten y comprenden los que tienen alma de investigadores. Sin esa paz que el hombre de laboratorio adquiere en contacto con la búsqueda de la verdad, la Dra. Lustig no hubiera superado tantos inconvenientes que ha tenido que padecer. Lo suyo ha sido la búsqueda de la verdad sin respiros, sin pausas, sin atenuantes y sin renunciar a su pasión‘.”

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