#7D: En el momento más crítico

Sip1Organizado por las senadoras María Eugenia Estenssoro, Norma Morandini y Laura Montero, se realizó -en el Senado de la Nación- una audiencia entre representantes de ambas Cámaras del Congreso Nacional, periodistas y la delegación internacional de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) que llegó al país para evaluar in situ el estado de la libertad de expresión en Argentina.

La senadora María Eugenia Estenssoro abrió la jornada señalando que "Argentina camina peligrosamente hacia control, por parte del Estado, de los medios de comunicación en una concepción claramente antidemocrática".

Al referirse a la presencia de la delegación de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) destacó que "al igual que nosotros, está muy preocupada por la situación de la prensa en nuestro país". Luego recordó que "en su visita anterior, en 1978, además de hacer un durísimo informe sobre la actitud y las políticas del Gobierno (militar), también mostraba asombro por la cantidad de editores y periodistas que decían que dada la situación había libertad de expresión y libertad de prensa. En ese momento, a diferencia de hoy, el Gobierno militar de Videla, figura deleznable, recibió a la delegación de la SIP. En este momento, el Gobierno nacional no los ha recibido".

"Hoy estamos asistiendo al momento más crítico de la libertad de expresión en la Argentina", agregó.

Luego, Norma Morandini señaló que "la SIP fue una de las voces que denunciaron las violaciones a los derechos humanos en Argentina. Hoy tenemos libertad para denunciar que tememos por esa libertad, amenazada por una concepción de poder que confunde prensa con propaganda, que en nombre de democratizar la palabra tutela la palabra y desde el poder se decide quien tiene derecho a hablar y quien no".

Posteriormente, dio lectura a la declaración sobre la libertad de expresión y la situación de la prensa, que legisladores de diferentes bancadas de ambas cámaras firmaron.

Por su parte, la senadora Laura Montero destacó que "el Gobierno, como se preveía, ha usado de manera discrecional la Ley de Medios" y agregó que "muchos de los integrantes de la comitiva que llegará esta semana son periodistas latinoamericanos reconocidos por su defensa de los derechos humanos y la lucha contra gobiernos dictatoriales en sus países".

A continuación se inició una ronda de exposiciones de los periodistas invitados a participar.

SIP-300x199Jorge Lanata señaló que "con el 7D lo más importante que es que se discute la libertad de expresión no sólo Clarín. Yo me he peleado mucho con Clarín y hoy trabajo ahí. No sé hasta cuándo porque tampoco sé si habrá otro lugar donde trabajar (...) se critica a la SIP pero fue la única que habló de desaparecidos cuando los K vendían departamentos", agregó.
Y finalizó expresando que "la ley de medios, como la quiere aplicar este gobierno que considera a los periodistas como agentes de distorsión social, pone en riesgo la libertad de prensa (...) la gente tiene miedo de hablar, de que el aparato de propaganda del Gobierno se le tire encima".

Magdalena Ruiz Guiñazú remarcó que "es fundamental para las nuevas generaciones tener una visión correcta de la historia, pero la apropiación de los derechos humanos que hizo este gobierno va en un sentido contrario. La reesscritura de la historia nunca fue un hecho positivo". Concluyó expresando que "los medios del Estado defenestran a quienes no piensan igual y las nuevas generaciones aprenden a odiar, no a meditar".

Por su parte, Pepe Eliaschev expresó que "no está solo el gobierno argentino: de la mano de Correa y Chávez, estas democracias populares creen que la libertad de expresión es un lujo de la burguesía, del capitalismo, de una importancia subalterna" y añadió que "no existe hoy una voz crítica en los medios oficiales. El proyecto está claramente definido y tiene que ver con la vocación de poder".

Alfredo Leuco destacó "la voz valiente y corajuda" de la SIP en 1978 que "nos tranquilizó en la dictadura asesina". Y recordó que la defensa de la SIP logró la libertad de Jacobo Timerman.Sip2-1-300x199
"Son originales los kirchneristas para atacar la libertad de prensa. Lo más novedoso son los aprietes sobre los empresarios privados para que dejen de auspiciar en medios o a periodistas que no se domestican. Además de estos aprietes, son graves los ataques a periodistas en forma personal desde los medios públicos", agregó.

Nelson Castro indicó que "no defendemos algo corporativo sino la libertad de expresión, un pilar de la República. Sin prensa no hay posibilidad de construcción de la República. Somos instrumentos de la democracia cuando trabajamos con honestidad. Y hay un intento de silenciar nuestras voces (...) porque el intento del Gobierno y de otros sectores de la sociedad que lo acompañan es terminar con el periodismo, centro de todos los males. El futuro es dificilísimo para el ejercicio de la profesión" .
Participaron, también, los periodistas Gustavo González (director periodístico de Perfil), Carlos Ares y Carlos Torrengo, del Diario Rio Negro. Se hicieron presentes los senadores Morales, Naidenoff, Vera, Romero, Monllau, Escudero, Linares, Nikisch, Marino, Borello y Cano, entre otros, y los diputados De Narváez, Ferrari, Alonso, Millman, Bertol, Brown, Gil Lavedra, Pinedo y Tonelli.

Enlace con las expresiones vertidas por los periodistas, click acá

Link a notas de La Nación 1 y 2

 

A continuación, la versión taquigráfica del evento:
REPÚBLICA ARGENTINA
VERSIÓN TAQUIGRÁFICA

CÁMARA DE SENADORES DE LA NACIÓN

REUNIÓN ORGANIZADA POR LA SENADORA MARÍA EUGENIA ESTENSSORO

(Misión de la SIP en Argentina)

Salón "Arturo Illia" — H. Senado de la Nación

07 de diciembre de 2012

Presidencia de la señora senadora Estenssoro

PUBLICACIÓN DE LA DIRECCIÒN GENERAL DE TAQUÍGRAFOS

– En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en el Salón Illia del H. Senado de la Nación, a las 11 y 13 del viernes 7 de diciembre de 2012.

Locutor. – Muy buenos días.

Les damos la bienvenida al Salón Arturo Illia del Honorable Senado de la Nación, donde asistimos al encuentro "La libertad de prensa y la situación del periodismo" entre representantes de ambas cámaras de este Congreso, periodistas y la delegación de la Sociedad Interamericana de Prensa –SIP–, organizado por las señoras senadoras nacionales María Eugenia Estenssoro, Norma Morandini, Laura Montero y legisladores presentes.

En la ocasión, agradecemos muy especialmente la presencia de Claudio Paolillo, director regional de la SIP, y de la comitiva integrada por Fernán Molinos Delaswsky, Elizabeth Ballantine, Miguel Henrique Otero, Alejandro Miró Quesada, Asdrúbal Aguiar, Marco Zileri, Ed McCullough y Alvaro Caviedes.

La SIP es una organización que nuclea a 1.300 diarios y publicaciones de todo el continente americano, dedicada hace siete décadas a defender la libertad de expresión y de prensa en la región.

Agradecemos en la oportunidad la presencia de la señora senadora nacional Liliana Negre de Alonso, los diputados nacionales Laura Alonso, Francisco de Narváez, Gustavo Ferrari, Ricardo Buryaile, Juan Pedro Tunessi. Como así también, la participación de los periodistas –algunos han llegado y otros estamos aguardando a que se incorporen– Nelson Castro-; Jorge Lanata; María O'Donnell; Alfredo Leuco; Magdalena Ruiz Guiñazú; Carlos Ares; José Eliaschev; Gustavo González, director periodístico de Perfil; Matías Longoni; Marcelo Longobardi; Luis Majul; y Carlos Torrengo, en representación de Julio Rajneri, director del Diario Río Negro. Por supuesto, también agradecemos la presencia de todos los medios gráficos, radiales y televisivos que están cubriendo este encuentro.

A continuación, escucharemos las palabras de apertura a cargo de la senadora nacional María Eugenia Estenssoro.

Sra. Estenssoro. – Buenos días a todos y a todas.

Es un gusto tenerlos aquí. Estamos reunidos en el Senado para reflexionar sobre el estado de la libertad de expresión y la libertad de prensa en nuestro país. Nos acompaña una delegación internacional de la SIP, que ha venido a evaluar in situ qué está pasando con la libertad de prensa en la Argentina.

La última vez que vino la SIP fue en 1978. En aquella oportunidad, lo hizo en una misión similar –más pequeña porque eran dos personas y no diez como son ahora–, aunque en un momento muchísimo más trágico para la Argentina, en donde había desapariciones, en donde no había libertad ni para informar, donde el miedo y la censura eran lo común. En ese contexto, vino la SIP e hizo un informe lapidario sobre lo que estaba ocurriendo en la Argentina, ya en ese momento con casi cuarenta periodistas desaparecidos. Y además de hacer un durísimo informe sobre la actitud y las políticas del gobierno, también expresaba su asombro por la cantidad de editores y periodistas que decían que dada la situación en la Argentina había libertad de prensa y libertad de expresión.

En ese momento, a diferencia de lo que ocurre hoy, el gobierno de Videla, en la figura Arguindegui –todas figuras deleznables, por cierto–, recibieron a la delegación de la SIP. En este momento, en plena democracia, el Gobierno Nacional no ha recibido a esta delegación, que representa a miles de organizaciones periodísticas de todo el continente. En ese momento –y a mí me sorprendió al releer este informe–, la Corte Suprema en plena dictadura militar dictó un fallo exigiendo a los militares que liberaran a Jacobo Timerman. La Justicia se pronunció desoyendo los deseos del gobierno. Afortunadamente, en el día de ayer la Justicia en su conjunto también se pronunció expresando su preocupación por las presiones del Gobierno Nacional y por extensión sobre la libertad de expresión y el derecho de información en la Argentina.

Hoy no estamos en la situación de aquellos momentos, pero como periodista que fui durante casi veinte años, mi vida profesional y adulta transcurrió realmente en los últimos años de la dictadura, y con todo el retorno a la democracia fui protagonista como muchos de ustedes de lo difícil que fue reconquistar la libertad de informar en nuestro país. Hoy estamos asistiendo al momento más crítico de la libertad de expresión en la Argentina y por eso aceptamos el pedido de Claudio Paolillo para recibirlos en el Congreso Nacional e invitamos a periodistas representativos del país a que expresen sus testimonios frente a ustedes.

En este sentido quiero decir que los periodistas que hemos invitado son personas que, a nuestro juicio, desde hace muchísimos años, la veo a Magdalena que, en las épocas terribles de la dictadura defendía los derechos humanos y fue miembro de la CONADEP.

Todos ellos son periodistas con su profesión, una profesión noble, fundamental para la democracia como es hacer realidad el derecho a la información y a la libertad de expresión, son periodistas que, a lo largo de todos estos años han estado comprometida con la libertad de informar. También quiero hacer un reconocimiento a los periodistas del Congreso de la Nación que están presentes e invito a que si alguno quiere hacer uso de la palabra al finalizar las exposiciones de los invitados.

Le doy la palabra a la senadora Norma Morandini que va a leer una declaración que ya hemos firmado 10 senadores de la Nación expresando nuestra preocupación por la libertad de expresión en el país y el documento va a estar disponible para que los legisladores que lo deseen lo firmen. Agradecemos a todos los diputados de la Nación que han venido al Senado a acompañarnos en esta audiencia.

Están presentes el seño senador Luis Naidenoff, presidente del bloque radical; también al presidente del bloque de diputados del radicalismo Ricardo Gil Lavedra, que también fue juez del juicio a las Juntas Militares, un hombre histórico de la Argentina.

Sra. Morandini. – Buenos días. Quiero agradecerles a todos.

Siguiendo la reflexión de la señora senadora Estenssoro tenemos que saber de dónde venimos en un país como es el nuestro en el que los años de la mordaza gracias a la libertad ajena se pudieron denunciar las violaciones de los derechos humanos que hubo en nuestro país. Por suerte, treinta años después, con una democracia con continuidad democrática vivimos fenómenos absolutamente novedosos y que nos desafían a darnos cuenta de que las dictaduras no se derogan por decreto pero las democracias tampoco se proclaman, hay que construirlas día a día y la construcción democrática no es otra cosa que tener valores compartidos como cultura y la subordinación a la ley.

Como periodista puedo reconocer que siempre el periodismo, a lo largo de toda la historia ha estado amenazado por la falta de fuentes, por la censura directa, por la falta de acceso a la información, el condicionamiento de la opinión pública y el condicionamiento, como vemos en nuestro país, de la Justicia.

Así como reconozco como periodista, ahora, como legisladora, estoy preocupada en ver cómo todo el poder del Estado se ha puesto, valga la redundancia, con todo su poder para condicionar a la Justicia y para condicionar la opinión pública, de modo que hemos elaborado este pequeño documento que va a estar a la firma de todos los legisladores que estén aquí que dice: La Argentina camina peligrosamente hacia el control del Estado de los medios de comunicación, una concepción claramente antidemocrática. El Congreso de la Nación debe frenar los avances de un Ejecutivo que violenta derechos consagrados en nuestra Constitución y en tratados internacionales con rango constitucional. La Declaración de Principios sobre Libertad de Expresión de la Convención Interamericana de Derechos Humanos, a la cual están subordinadas nuestras leyes y nuestra Constitución establece, en su artículo 13, que: la utilización del poder del Estado y los recursos de la hacienda pública, la concesión de prebendas arancelarias, la asignación arbitraria y discriminatoria de publicidad oficial y créditos oficiales, el otorgamiento de frecuencias de radio y televisión, entre otros, con el objetivo de presionar y castigar o premiar y privilegiar a los comunicadores sociales y a los medios de comunicación en función de sus líneas informativas, atenta contra la libertad de expresión y deben estar expresamente prohibidos por la ley. Los medios de comunicación social tienen derecho a realizar su labor en forma independientes, presiones directas o indirectas, dirigidas a silenciar la labor informativa de los comunicadores sociales son incompatibles con la libertad de expresión. Esto forma parte de la Declaración de Principios de la Convención Interamericana de Derechos Humanos.

En abierta violación a todos estos principios rectores a lo largo de estos años se ha institucionalizado una concepción del poder del Estado que ha hecho de la publicidad oficial y de la Ley de Medios Audiovisuales el más eficaz mecanismo de presión, castigo e intimidación para limitar a la prensa y, a su vez, montar un gigantesco aparato de propaganda gubernamental y paragubernamental con el fin de descalificar a la oposición política controlar a la opinión pública y condicionar a la Justicia.

En la Argentina hoy, afortunadamente, nadie va preso por decir lo que piensa, nadie es asesinado por lo que escribe pero todos los días se degrada el derecho a la información y se meta la reputación de quienes manifiestan sus críticas al gobierno a través de los medios públicos o los medios paragubernamentales que actúan más como comisarios políticos que como informadores de las cuestiones de interés público. Como senadores de la Nación, como legisladores de la Nación vemos con preocupación como el gobierno lejos de consagrar el derecho de la sociedad a ser informada y la libertad de expresión como valores superiores a proteger ha contaminado y enrarecido la convivencia democrática utilizando la Ley de Medios Audiovisuales como una divisoria de la sociedad con bandos enfrentados, lo que confirma su carácter de guerra política ajena al diálogo y al respeto que deben prevalecer en una auténtica democracia.

Han firmado esta declaración los legisladores: Gerardo Morales, Luis Naidenoff, José Cano, Mario Cimadevilla, Blanca Monllaou, Sonia Escudero, Roy Nikisch, Alfredo Martínez, Ernesto Sanz, Juan Carlos Marino, Juan Carlos Romero, Jaime Linares, Arturo Vera, Marta Borello, Norma Morandini, Laura Montero y María Eugenia Estenssoro. Esta declaración está a la firma para el resto de los legisladores. Muchas gracias.

Locutor. – A continuación le vamos a pedir la palabra a la señora senadora nacional Laura Montero.

Sra. Montero. – No tengo mucho más que agregar porque creo que los protagonistas hoy están aquí, son ustedes. Quiero expresar mi especial agradecimiento a la gente de la SIP que hoy está aquí reafirmando su compromiso con la libertad de expresión, con la democracia y con el periodismo independiente.

Les agradezco también a todos los periodistas que hoy también se han hecho presentes para dar su testimonio y a todos los legisladores nacionales que nos acompañan.

Nuestra intención, cuando empezamos el armado de este documento era simplemente expresar desde uno de los poderes del Estado, el Congreso de la Nación, nuestro compromiso. Nuestro compromiso por la democracia, por el correcto funcionamiento de las instituciones desde el rol de senadores, diputados, representantes de provincias y de la ciudadanía frente a algo que creemos que está siendo avasallado en este momento que es la libertad de expresión.

Creemos que la Ley de Medios, que tenía que cumplir un fin trascendente en la República Argentina, fue un instrumento que el gobierno utilizó simplemente como una estrategia de construcción de poder y terminó desvirtuando sus fines nobles y sus trascendentes objetivos. Es por eso que esta discrecionalidad en su uso ha generado realmente muchísimas limitaciones para la libertad de expresión, muchísimas limitaciones para la información en la Argentina. Es muy importante que cada uno, desde el lugar donde esté confirme y reafirme el compromiso por los derechos consagrados en nuestra constitución. Hoy los poderes están siendo avasallados, fueron avasallados cuando se dio tratamiento a esta Ley de Medios; recuerdo que casi todos los legisladores, si uno lee la versión taquigráfica de ese tiempo, se expresaron con mociones de privilegio. Fueron 216 modificaciones que se hicieron a la ley desde el tratamiento en su comisión hasta que bajó al recinto en seis horas por lo cual muchos de nosotros hicimos consideraciones con respecto a la vulneración de los derechos. Hoy no son sólo los derechos de los periodistas, los derechos de las empresas de servicios de comunicación audiovisual las que creemos que están siendo vulnerados, sino también de nosotros como representantes de la oposición que no tenemos acceso a los medios de comunicación audiovisual por las presiones que ejerce el gobierno sobre los medios. Entonces, simplemente quisiera agradecer la presencia de todos ustedes acá, con la esperanza de que todos juntos podamos reforzar el normal funcionamiento de las instituciones, la libertad de expresión y un futuro democrático para la Argentina que, realmente, mejore las condiciones por las que actualmente estamos pasando y que generan un espíritu desalentador para la sociedad. Muchas gracias.

Locutor. – A continuación tiene la palabra el señor Director Regional de la Sociedad Interamericana de Prensa, don Claudio Paolillo.

Sr. Paolillo. – Muchas gracias a todos por estar acá y especialmente a las tres senadoras que han tenido a bien organizar este evento que es muy importante para nosotros.

Hemos venido desde el miércoles a la noche hasta hoy en una misión enviada por la Sociedad Interamericana de Prensa para evaluar el estado de la libertad de expresión en la Argentina a pedido de muchos de nuestros socios, es decir, los diarios argentinos, los periódicos argentinos. Esta instancia de diálogo con periodistas —que nosotros valoramos mucho por su trayectoria profesional a lo largo de muchos años— es muy importante para las conclusiones que vamos a leer después de que tengamos una reunión con senadores y diputados del Congreso.

Así que quiero presentar a los que están en la mesa acompañándome: a mi derecha, Miguel Henrique Otero es el director de El Nacional de Caracas, el diario nacional de Caracas, y es el vicepresidente del bloque de prensa de Venezuela; a mi izquierda está Fernán Molinos, es el director de La Prensa de Panamá, es presidente del Colegio de Periodistas de Panamá; más a la izquierda, Elizabeth Ballantine, la primera vicepresidenta de la SIP, directora del diario The Durango Herald, en Estados Unidos, y es integrante del board de la cadena McClatchy. Entre el público están presentes Marco Zileri, editor de la revista Caretas de Perú y miembro del Consejo de la Prensa Peruana; Alejandro Miró Quesada, ex presidente de la SIP, director de Cosas en Perú, Lima, y ex director de El Comercio de Lima; Ed McCullough, que está allí en la punta, que es representante de la agencia Associated Press y miembro de la Comisión de Libertad de Prensa de la SIP; Julio Muñoz, que está enfrente de mí, que es el director Ejecutivo de la SIP, y también se encuentra presente — quien no fue mencionado— Alexandre Jobim que es del grupo RBS, de Brasil, director del Comité Jurídico de la Asociación Nacional de Jornais de Brasil.

Locutor. – Le vamos a pedir a los amigos periodistas que expongan cinco minutos cada uno, comenzando para hablar sobre la situación de la prensa en nuestro país por el señor Jorge Lanata.

Sr. Lanata. – Buen día. ¿Cómo están?

Yo desconocía cómo era la mecánica, pensé que la Comisión iba a hacer preguntas, o sea que no traje nada escrito. Voy simplemente a hacer una consideración general y después me voy a ir a trabajar porque tengo que estar en la radio.

A mí me parece que lo menos importante del 7D es Clarín; me parece que es un dato completamente menor alrededor de lo que está pasando en Argentina. Esta semana nosotros vimos la peor embestida del Poder Ejecutivo al Judicial que se realizó en años, en décadas. Anteayer vimos un pronunciamiento de la Corte —digo "de la Corte" porque la Comisión de Ética está formada por dos miembros de la Corte Suprema, por Highton y Carmen Argibay— y de todos los jueces de la Argentina diciendo que no tiene que haber presiones. O sea, lo que se discutió anteayer no fue Clarín; lo que se discutió anteayer fue la libertad de prensa en Argentina. Me parece que alrededor de esta situación hubo mucha desinformación.

A mí me resulta patético haber visto ayer en la televisión pública descalificaciones hacia la SIP, cuando la SIP estuvo en la Argentina y, entre otros, estuvo integrada por Bob Cox que fue uno de los pocos tipos que en el Buenos Aires Herald habló de desaparecidos en este país cuando nadie lo hacía. O sea, la SIP habló de desaparecidos mientras los Kirchner vendían departamentos en el Sur. Me parece que es bueno hacer esa diferencia y que es injusto que en este momento se trate de descalificar a la SIP con argumentos que dicen que colaboraron con la dictadura cuando de hecho no fue así.

Considero que la discusión va más allá de Clarín. Me he peleado mucho con Clarín a lo largo de mi carrera, he competido con Clarín, en muchos casos he sufrido competencia desleal por parte de Clarín. Soy de los editores que en Argentina han pagado el doble el precio del papel porque Clarín lo pagaba más barato ya que existía Papel Prensa. Y soy de los editores a los cuales Clarín no le vendía papel. Por esas cosas que pasan en la vida, Clarín se peleó con el Gobierno y en este momento yo estoy trabajando en el Grupo Clarín. No sé cuánto tiempo lo haré, sinceramente tampoco es demasiado relevante porque podré trabajar ahí o en algún otro lugar si es que hay dónde. Porque si hoy veo la televisión abierta, de los cinco canales que hay, sólo puedo trabajar en uno.

Me parece que esto es un proceso que se ha ido gestando a lo largo del tiempo. Estuve de acuerdo con la Ley de Medios conceptualmente y todavía estoy de acuerdo con esta ley respecto de lo que significa desmonopolizar la información; pero me parece que la ley tiene que ser equitativa para todos y que así como está hoy y así como se trata de implementar es una ley hecha básicamente para perjudicar a Clarín y de todo lo demás se olvidan. El Gobierno ha dado la cara con argumentos insólitos como que Telefónica no tiene que ver con Telefónica, que Telefónica de Argentina no tiene que ver con Telefónica de España. O sea, el hecho de que digan ese argumento sin reírse realmente me parece increíble.

Es una ley hecha, básicamente, para perjudicar a Clarín que empezó así, pero que está poniendo en discusión hoy la libertad de prensa en la Argentina. Y acá me parece que hay una cosa más conceptual que trasciende a la Argentina. Hay tres gobiernos en América Latina, básicamente el de Chávez, el de Correa y el de Cristina Kirchner, que están filosóficamente convencidos de que la prensa es un agente de distorsión social. Esto que digo: "La prensa es un agente de distorsión social" es una frase textual de Ernesto Laclau, que es uno de los filósofos preferidos por la presidenta, un señor que vive en Londres hace 30 años y que nos está dando clase de peronismo desde ahí. Si la prensa es un agente de distorsión social estamos en un problema. Si sólo vamos a pensar la prensa como dijo esta semana acá el presidente de Ecuador, Correa, creyendo que sólo deben existir los medios del Estado, también estamos en un problema y básicamente cuando el Estado es él, cuando él se siente a sí mismo como la reencarnación del Estado.

Creo que la discusión aquí es otra; acá hay un grupo de gente que cree que está haciendo la revolución. Yo no me pongo a pensar si la están haciendo o no, personalmente creo que no, pero ellos creen que sí, no importa, eso a efectos del diálogo es lo mismo, ellos creen que están haciendo la revolución. Hay otro grupo de gente que está defendiendo la democracia. Entonces, es muy difícil encontrar puntos de contacto entre una discusión y la otra porque en su propia lógica quienes creen que están haciendo la revolución tienen razón. Es obvio, Moscú debe tener el Pravda, La Habana debe tener el Granma, no puede haber muchos diarios. ¿Cómo va a haber muchos diarios en una revolución? Tiene que haber uno solo y a los opositores hay que fusilarlos. Miren a Stalin, hubo mucha gente que enseñó eso, miren China, es lo lógico: hay que silenciarlos o matarlos. En su lógica tienen razón.

Nosotros estamos defendiendo la democracia, pensamos que está bien que todos piensen distinto, que está bien generar un consenso y no vemos enemigos en la sociedad. No estamos en guerra. Es muy difícil no estar en guerra cuando el otro sector está en guerra. Es muy difícil. Creo que es esto lo que nos está pasando. Por eso, lo de Clarín me parece que es menor, no se sabe bien cómo terminará ni qué pasará. Creo que lo grave que pasó esta semana, por un lado lo grave, por otro lo bueno —porque fue todo muy contradictorio, todavía, de hecho, no terminó—, es que nosotros asistimos —más silenciosamente de lo que a mí me gustaría— a una maniobra insólita de presión del Ejecutivo sobre el Judicial, frente a un Ejecutivo que cada vez ignora más al resto de los poderes. El Congreso para el gobierno kirchnerista se ha transformado en una especie de escribanía de mayoría automática adonde este tipo de reuniones son marginales, y el Poder Judicial hasta ahora había hecho la venia hasta que en un momento se cansó de que le tocaran el culo, para decirlo rápido. Bueno, reaccionó frente a eso.

Me parece que esto es sola una parte de lo que está pasando y lo que puede pasar.

Ahora bien, si me preguntan ¿qué me preocupa hoy en la Argentina? Me preocupa poder hablar, porque esto es una excepción y no es la regla. Y mucha gente no está preocupada por la censura, sino por la autocensura. Porque la gente tiene miedo de que el aparato de propaganda del gobierno se le tire encima. El aparato de propaganda del gobierno es el más grande que se ha montado en la Argentina desde los años 50. Nunca antes ningún gobierno tuvo un aparato adicto tan grande dedicado a la difamación. Yo creo que una de las cosas que demuestra la existencia de Dios es que ellos tienen dinero, pero no talento. O sea que tienen muchos medios, pero son medios realmente intrascendentes; pero son muchos, y a mucha gente eso le da miedo y le preocupa. Entonces, creo que eso en algunas personas genera desinterés y en otros miedo y que no se animen a hacer su trabajo en libertad.

Me parece que esta es una situación particular y les agradezco que estén acá interesándose por ella. Gracias a todos. (Aplausos.)

Sra. Presidenta. – Quiero explicitar que después de que cada periodista tenga sus cinco minutos, los integrantes de la SIP podrán hacer una ronda de preguntas. Así que les pedimos a los que puedan quedarse, que por favor se queden porque esa parte es importante.

Locutor. – A continuación, tiene la palabra el señor Leuco.

Sr. Leuco. – Buenos días.

Tengo muchísimas cosas para agradecer. Primero que me hayan dejado arrancar entre los primeros porque me tengo que ir a trabajar; soy un trabajador de prensa. Segundo, me siento honrado de estar en el Senado de la Nación, en donde palpita la democracia. Me siento honrado de que estas senadoras que están aquí hayan organizado esto. Hago política y análisis político desde 1983 y no recuerdo una sola acusación, una sola sospecha acerca de la actitud moral y ética con la que hacen política las senadoras que están sentadas aquí, y eso habla también de quiénes son los que están llevando adelante la defensa de la democracia.

Me siento honrado de que esté la SIP aquí, pese a las barbaridades que se están diciendo absolutamente reñidas con la verdad. Yo hacía periodismo en 1978, en medio de las desapariciones y de los cadáveres que aparecían por todos lados, y para los que trabajábamos de periodistas, la voz valiente y corajuda de la SIP en aquel momento fue el elemento que nos tranquilizó, que nos hizo sentir que no estábamos solos en el mundo contra la dictadura más asesina que ha tenido este país. En 1978, aquel documento que lo hacíamos correr entre los periodistas en forma clandestina y nos temblaba la mano por hacerlo, significó algo realmente muy importante. La defensa que hizo la SIP en aquel momento y luego la libertad de Jacobo Timerman para nosotros fue un logro de la libertad frente a la noche de la muerte.

Así que me siento honrado en que esté la SIP acá, y sobre todo porque a través de ese documento del 78 largamente había hecho mucho más por la libertad y por la democracia que muchos de los que hoy se llenan la boca, como dirigentes políticos que vivían en el sur –y en esto coincido con Jorge Lanata– que no tienen un solo documento, un solo acto, un solo gesto de defensa de la democracia, de defensa de los presos políticos y de actos en favor de los desaparecidos.

Me siento honrado también de integrar el grupo de colegas que rápidamente he visto que me acompañan. Entre ellos, al igual que los senadores, no hay un solo colega que tenga la mínima sospecha de una actitud moral reñida con la ética con la que debe llevar adelante nuestro trabajo profesional.

Muchos de los colegas que están aquí entre nosotros, y por eso estoy honrado por eso, son parte de la mejor reserva que tiene el periodismo en la Argentina. Allá está Magdalena Ruiz Guiñazú, que no solamente integró la CONADEP en el momento en que las balas picaban cerca y que había que tener coraje, sino que durante este gobierno, y fomentado por este gobierno, fue humillada, fue sometida a un juicio popular en una plaza, como si estuviéramos en plena época del estalinismo, y por eso también me siento honrado.

Quiero ser muy breve. No quiero repetir el manual de barbaridades que ha hecho este gobierno para atacar la libertad de prensa, para controlar absolutamente todo y para que el periodismo no controle este gobierno. Tengo la tranquilidad de conciencia de que hace seis años, en octubre de 2006, publiqué una nota en el diario La Nación que decía "Libertad de prensa de bajas calorías". Lo hice en 2006, hace seis años. Hice una suerte de punteo de los diez o quince temas por los cuales consideraba que en aquel momento era el momento de menor libertad de prensa en la Argentina desde 1983 a la fecha. En ese momento, el diario Clarín vivía un pleno romance con el gobierno nacional de Néstor Kirchner. Digo esto porque la otra participación de la SIP también hizo muy bien en aquel momento, porque muchos de mis colegas me dijeron "¿Te parece que en 2006 era el momento de menor libertad de prensa desde el 83?", "Sí, porque trabajo de esto. Vivo del periodismo desde hace treinta años y rápidamente tengo la pituitaria muy entrenada para darme cuenta de los autoritarios que inmediatamente empezaron a desarrollar ese manual que se desarrolla en todos los países, donde avanzan hacia el autoritarismo para tratar de limitar la libertad de prensa".

Entonces, para ser breve. Desde 2006 hasta ahora, el gobierno no ha hecho otra cosa que perfeccionar los mecanismos de persecución. ¿Cuáles son los originales? Han sido muy originales los Kirchner en muchos de sus aspectos para afectar y para perseguir a los periodistas. Además de todos los que ya sabemos que se han aplicado básicamente en todos los países, hay que incorporarle el apriete y la presión sobre los empresarios privados. Ya no solo la pauta oficial, el apriete y la presión a los empresarios privados para que dejaran de auspiciar o para que dejaran de poner sus avisos publicitarios en medios de comunicación o en periodistas que no eran de su gusto y que no se domesticaban. Eso es absolutamente novedoso.

El mundo de la política y del periodismo sabe que en los últimos días los grandes anunciantes, que son las casas de artículos del hogar, han sido presionados brutal y ferozmente para que dejaran de poner sus avisos en los grandes diarios de circulación nacional. Muchos de ellos, que no tienen ideología ni les importa esta pelea, quieren vender heladeras y lavarropas, dijeron: "Miren, nosotros ponemos avisos en los diarios que compra la gente, no que compran las sectas. Necesitamos venderles lavarropas a la gente". La respuesta fue: "Está bien. Dejen los avisos allí, pero pongan avisos en los diarios que representan al gobierno". Si hoy ven diarios que son de un ínfimo nivel de venta y de tiraje tienen una cantidad de avisos de artículos del hogar que son impresionantes. Lo pongo como ejemplo porque esto se repitió absolutamente en todos lados. Además de los aprietes a los empresarios privados, se generó un ataque a los periodistas en forma personal desde los canales públicos que realmente ha sido feroz y que ha tenido como objetivo dinamitar el prestigio, la honestidad y el buen nombre de cada uno de los periodistas. Son dos aspectos muy novedosos: la presión sobre los empresarios privados y además el hecho de utilizar la maquinaria del Estado para desprestigiar personalmente a cada uno de los periodistas y también a sus familias.

Obviamente, podríamos hablar durante mucho tiempo de este tema, pero quiero ser muy respetuoso con los tiempos y espero que esto haya sido útil para tratar de describir brevemente qué es lo que está pasando en la Argentina con la libertad de prensa. Muchas gracias. (Aplausos.)

Locutor. – Invitamos, a continuación, a exponer a la señora Magdalena Ruiz Guiñazú.

Sra. Ruiz Guiñazú. – Muchas gracias por haberme invitado. Muchas gracias por los recuerdos generosos que han tenido la senadora Estenssoro y Alfredo Leuco de hechos ocurridos en el país.

Creo que es fundamental, sobre todo para las nuevas generaciones que no han vivido los años más terribles de nuestra historia, tener la versión correcta de los hechos y no quedarse con un nuevo relato que se está fabricando, en donde se hace una apropiación de los derechos humanos, que son un bien de la sociedad haberlos defendido. Por ejemplo, cuando el presidente Alfonsín asumió el primer gobierno democrático el 10 de diciembre, lo primero que hizo, el 14 de diciembre José Ignacio López, como vocero presidencial, nos llamó a integrar la Comisión Nacional por la Desaparición de Personas a un grupo de ciudadanos y, realmente, en esa tarea que duró 9 meses, ese informe, sirvió de base para el juicio a los comandantes de la dictadura. Y, como nos decía el fiscal Caporale, el fiscal de Roma, cuando fuimos con la señora de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, como testigos en el juicio para la causa de los desaparecidos de origen italiano, nos señaló que jurídicamente, la importancia del juicio a los comandantes no tenía antecedentes. En América Latina, desde ya que no; en Nüremberg, era un juicio de los vencedores, los jueces eran parte de los ejércitos vencedores; Kosovo, también fue un tribunal mixto y La Haya, es un tribunal internacional.

El fenómeno de un tribunal argentino juzgando a los comandantes en momentos en que llovían las amenazas sobre funcionarios, jueces, sobre los dos fiscales y sobre los testigos fue inédito. También, en aquel momento, haber elaborado las sentencias fue muy valiente. Aunque después vinieron las leyes del perdón. Con ese tema yo siempre discrepé. Pero en aquel momento los golpes se sucedían. Recordemos –y divulguemos, porque es muy importante que el relato llegue a los jóvenes–, que Aldo Rico tuvo su Semana Santa, después hubo otro levantamiento en Villa Martelli y tuvimos terribles episodios donde gente fue baleada y perseguida; pero la democracia siguió su curso y la libertad de prensa también, lo cual fue fundamental.

Por eso creo que es importante señalar, ante esta misión que nos visita, que la reescritura de la historia nuca fue un hecho positivo. Cuando fue presidente Néstor Kirchner señaló que le daba vergüenza como argentino que nunca se hubiera hecho nada por los derechos humanos ignorando absolutamente el juicio a los comandantes. Luego, en privado, le pidió disculpas a los jueces y aquellos que habían integrado el tribunal; pero esa es la historia.

Y esa es la historia que sigue en estos días con nuestras fotografías en la calle con títulos infamantes y juicios en plaza pública, avalados por el gobierno porque ese tribunal funcionó frente a la casa de gobierno, o sea que era imposible que los funcionarios del gobierno nacional no estuvieran al tanto de lo que estaba pasando. Esa reescritura de la historia es inadmisible. Así como también es inadmisible que los canales del Estado, que con nuestros impuestos hacen subsistir innumerables publicaciones del Estado, estén dedicados a defenestrar a quienes no pensamos lo mismo. Digamos, se ha suplantado el término adversario político por el de enemigo político y esto es muy grave en el sentido de que las nuevas generaciones están siendo enseñadas a odiar y no enseñadas a entender y meditar.

Creo que en este caso la visita de la SIP viene en un momento particularmente candente con la decisión de la Justicia. La Justicia jamás puede ser presionada, nunca lo vamos a permitir. Y la Constitución Nacional que nos rige es el salvavidas al que toda la ciudadanía debe aferrarse. La Justicia es el brazo derecho de la Constitución. De modo que así va a ser nuestra lucha, así va a ser nuestra lucha, así lo es cotidianamente y acá hay muchos compañeros y colegas que lo pueden avalar. Así que el sentido de la visita de la SIP en este momento es particularmente importante en un momento en el que hay que estudiar, por ejemplo, la Ley de Medios, hay que ver lo que nos pueda interesar o no de ella, lo que puede ser aplicable justicieramente y, sobre todo, que se tenga en cuenta que la justicia es el brazo de la verdad en nuestra sociedad democrática. Muchas gracias. (Aplausos.)

Locutor. – Vamos a destacar, mencionar y agradecer la participación y la presencia de los señores diputados nacionales Oscar Aguad, Patricia Bullrich, Gerardo Milman, Alicia Ciciliani y del titular del Consejo Económico y Social de la Ciudad de Buenos Aires, Sergio Abrevaya y también la presencia del señor periodista Héctor D´amico, bienvenido.

Ahora le vamos a dar la palabra al señor Carlos Ares con la misma temática, son cinco minutos.

Sr. Ares. – Gracias por la invitación y gracias a las senadoras por darnos esta oportunidad de hablar, como decía Alfredo y poder decir lo que sentimos los periodistas. Recordaba, como Alfredo recién, cuando vino la Comisión en el año 78, se disputaba el mundial de fútbol y con un amigo periodista íbamos al centro de prensa –una locura en ese momento porque el centro de prensa estaba infestado de informantes de la dictadura, pero éramos muy jóvenes–. Allí repartíamos gacetillas para que los periodistas extranjeros tuvieran información de lo que estaba pasando en la Argentina en el año 78.

Nunca pensé que aquello tuviera que volver a repetirse, pero en los últimos tiempos dije que si teníamos que volver al diario mural, volveremos. La voz de los periodistas no se puede acallar por decreto. Afortunadamente hoy existen las redes sociales que nos permiten comunicarnos de otra manera y hacen llegar nuestra información desde otro lugar.

Es inevitable recordar aquellos tiempos, porque estamos viviendo una secuela de entonces. Aquello que se llamó la guerra sucia en su versión trágica, como decía Carlos Marx en el 18 brumario, refiriéndose al sobrino de Napoleón; esta versión patética que estamos viviendo de la historia. La repetición patética de la historia. De algún modo una guerra sucia entre el relato de lo que podrían ser los dos demonios actuales. También debo recordar que como periodista y editor de una modesta revista que se llamaba La Maga, sufrí también las presiones de Clarín y también sufrí como ciudadano, los silencios de Clarín en la dictadura y también sufrí como editor y periodista algunas listas negras que hacía Clarín. No sé si las sigue haciendo, pero las hacía con artistas, músicos, intelectuales y con políticos. Recuerdo hoy, en particular, a un representante de la Unión Cívica Radical que trató de impulsar el derecho a réplica, el senador Laferriere y luego fue brutalmente censurado e ignorado e incorporado a una de esas listas negras.

Así que en ese sentido, en esta versión patética de la guerra sucia que se libra, de todos modos cuando es el Estado el que inicia esa guerra sucia, siempre estaré del lado de los más débiles porque es el Estado el que usa armas poderosas y además usa las armas que le da la Constitución para empuñarlas contra los que no tienen esa defensa. ME parece que esta es una batalla legal que debe librarse en la Justicia y que el Poder Judicial, como poder independiente debe actuar de tal modo.

Como periodista, además, puedo dar testimonio de cosas que no había visto ni siquiera en la época de la dictadura, por ejemplo, esos afiches en la calle donde aparecían con cara, nombre y apellido, periodistas a los que se acusaba y se denunciaba y se les exigía un juicio popular. En aquel momento vi esos afiches en la Avenida de Mayo y pensé qué consecuencias tendría si alguien en nombre de estos afiches y fanatizado por alguna idea toma una actitud violenta que pueda causar alguna lesión física y, quizás, mortal contra alguno de esos periodistas. ¿Cómo podríamos después hacernos cargo de eso como sociedad? Como fundador de una escuela de periodismo, la Escuela TEA y formador de periodistas, porque siempre creí que era lo mejor que podría hacer por el oficio sería ayudar a las nuevas generaciones como me habían ayudado a mí los viejos maestros del periodismo, tratar de transmitirles para qué servimos, cuál es el deber ser del periodista y por qué tenemos importancia en la sociedad, a quiénes debemos servir y no podemos perder nunca de vista eso, cuál es nuestro oficio y a quién se lo tenemos que dedicar. Nosotros somos simplemente mediadores y debemos responder siempre a ellos.

En ese sentido, también he visto que muchas empresas periodísticas toman a sus lectores, oyentes o espectadores como rehenes para negociar favores políticos. Es decir que como periodistas también tenemos que reaccionar frente a eso, pero hoy, en este momento, es la defensa de nuestra libertad de expresión en nombre del derecho que tienen los ciudadanos al derecho a la información. Me parece que esto es lo grave y lo delicado hoy en día y sobre lo que tenemos que reaccionar también los periodistas, nos está faltando la reacción de los periodistas. Están reaccionando los políticos, las empresas periodísticas y las asociaciones, pero nos falta la reacción de los periodistas. Nosotros tenemos que defender nuestro oficio porque es el derecho que corresponde a los ciudadanos y no porque pertenezca a nuestro oficio. Tenemos que hablar también en nombre de los ciudadanos. Están esperando que levantemos nuestra voz y no lo estamos haciendo, quizás estamos adoptando posiciones a favor de uno o de otro, acciones militantes que no nos corresponden porque tenemos que ejercer el oficio en nombre de todos los ciudadanos. Del mismo modo, debemos reclamar que los fondos públicos sean distribuidos con ecuanimidad, bajo control parlamentario.

No estaba de acuerdo con la Ley de Medios porque creo que lo que se proponía era, en definitiva, administrar la calidad y los contenidos del aire que respiramos. Me parece que una buena ley de prensa es aquella que podría o que debería estimular con fondos públicos, sí, pero a los medios que tienen menores recursos para que todas las voces puedan escucharse en igualdad de condiciones. Creo que eso es lo que debería promover el Estado con la publicidad oficial, pero no el control de la calidad o de los contenidos de la información, que es lo que propone en el fondo la Ley de Medios.

Por último, quiero decirles que así como se dice que somos en parte la calidad de lo que comemos, creo que como sociedad somos también la calidad de la información que recibimos. Así que promover esa calidad, promover mejores periodistas, promover y defender la libertad de expresión de los periodistas, hacer que los periodistas sean cada vez más profesionales y más exigentes, me parece que también es contribuir a la libertad de expresión.

Les agradezco mucho que estén aquí y que podamos hablar de esto. Me parece que esto tiene una historia, pero es una historia que continúa porque, en definitiva, estamos recuperándonos democráticamente de lo que hemos padecido en aquellos años. Gracias. (Aplausos)

Locutor. – Destacamos también la presencia del director de La Voz del Interior, presidente de ADEPA, don Carlos Jornet. De la misma forma, el señor diputado nacional, Alfonso Prat Gay, gracias por la presencia y participación.

Invitamos a continuación al uso de la palabra al señor director Periodístico del diario Perfil, Gustavo González.

Sr. González. – Muchas gracias a todos por venir, especialmente a las senadoras que nos han invitado y a la Comisión de la SIP, que ha venido nuevamente a la Argentina a darnos esta especie de oxígeno que, lamentablemente, necesitamos los periodistas de tanto en tanto.

La primera gran visita de la SIP, como recordamos ya, fue durante la dictadura y fue muy importante para todos los que empezábamos a hacer periodismo, a querer hacer periodismo y para todos los que en ese momento lo hacían.

En la Editorial Perfil tuvimos otra segunda visita muy importante para nosotros que sucedió en 2005, una comisión presidida por Alejandro Miró Quesada, integrada entre otros por Bob Cox, alguien muy importante para todos los periodistas en Argentina. En ese momento, año 2005, la Editorial Perfil había pedido la visita porque notábamos que lo que se estaba por convertir en esta suerte de libertad de expresión vigilada empezaba a tomar formas a través del uso discriminado de la publicidad oficial. En el año 2003, en medio de una Argentina que se estaba cayendo —seguía cayéndose económicamente—, el gobierno usaba 43 millones de pesos para darle de comer a muchos medios que sin eso, quizás, les hubiera sido imposible la existencia, unos 12 millones de dólares aproximadamente. Era muy importante ese dinero y en la Editorial Perfil también fuimos visitados por algunos funcionarios para ofrecernos parte de ese dinero. Como luego diría un ministro muy importante del kirchnerismo, decidieron no darlo porque finalmente de qué iba a servir si la Editorial Perfil iba a seguir publicando lo que quisiera. Era muy transparente, revelaba para qué son usados esos millones.

Hoy el dinero que se pone se multiplicó muchas veces, para el año 2012 se calculan 1.000 millones de pesos. Imagínense si con 43 millones de pesos hacían lo que se hacía, con 1.000 millones lo que se está haciendo en estos momentos.

En 2005, por suerte, la SIP llegó al país a darnos ese respiro, ese oxígeno, para muchos periodistas que decíamos que nadie nos escuchaba, los grandes medios no reparaban este problema, quizás porque no lo sufrían.

Alejandro Miró Quesada, antes de irse de la editorial nos sugirió, nos pidió, que la Editorial tenía la obligación de iniciar una causa legal por este tema. Nosotros rápidamente decíamos que no porque no iba a conducir a nada más que a nuevos perjuicios sobre la Editorial dado que iba a haber una reprimenda oficial, no sólo porque no se iba a generar que se nos pusiera la publicidad en forma equilibrada en comparación con lo que recibían otros medios, sino porque se iba a castigar a los anunciantes privados que estaban anunciando en la Editorial para que dejaran de hacerlo. Miró Quesada nos dijo que teníamos la obligación de hacerlo, más allá de que recibiéramos algún perjuicio en ese momento y que durara años la causa judicial. Todo eso se cumplió. Ha habido presiones que siguen hasta el día de hoy sobre los anunciantes privados para que dejen de anunciar en nuestros medios. La Editorial sigue sin recibir publicidad oficial, la revista Noticias nunca recibió un peso de publicidad oficial, el diario Perfil recibió en un año creo que 140 mil pesos frente a los 90 millones que, por ejemplo, recibe otro grupo mediático vinculado al oficialismo.

La Corte Suprema de Justicia —después de que en otras instancias judiciales la Editorial ganó este juicio— el año pasado, en marzo, falló definitivamente respecto de que el Estado no podía seguir discriminando a la Editorial dejando de darle parte al menos de esa pauta publicitaria millonaria que le aportaba sin cesar a medios vinculados con el oficialismo. Esto, claro, en cualquier país normal —no sé si ustedes lo notan en otras visitas a otros países— provocaría que el gobierno tuviera que acatar el fallo del máximo tribunal de justicia. En Argentina no pasa esto, no está pasando.

Hace una semana, la Corte debió fallar nuevamente en algo insólito que revela cualquier razonabilidad del sentido común, debió fallar nuevamente diciéndole al Estado: "sí, hay que cumplir los fallos de la Justicia, tiene que dejar de discriminarse a algunos medios por más que la voz de esos medios no le guste al Gobierno". Creo que eso no se va a cumplir. En Argentina no se va a cumplir el fallo de la Corte Suprema porque no se cumplen los fallos de la Corte; no importa que el hombre común sí deba cumplirlos, el Estado nacional no los va a cumplir. Por eso, les agradezco mucho que otra vez nos vengan a dar oxígeno. Estos miles de millones que se gastaron en todos estos años sirvieron para algo: para armar un aparato comunicacional que se dedica a promocionar a un gobierno, pero fundamentalmente a atacar a los que no piensan igual, que son periodistas, pero son políticos, empresarios, hombres comunes.

Nos preguntamos si hay alguna relación entre esos miles de millones de pesos de esa caja publicitaria del gobierno y el aparato comunicacional que se dedica a mentir, a falsear la realidad y a atacar. Y hay un denominador común, que son los millones que reciben. No hay otro denominador común, un hilo conductor entre esa caja millonaria y esta estructura; el hilo conductor, el tubo de oxígeno, la aorta, son los millones de la publicidad oficial. Por eso les agradezco nuevamente, hablando de oxígeno, el oxígeno que hoy nos dan ustedes con su visita. Muchas gracias y espero que no tengan que volver nunca más a la Argentina por lo menos para esto. (Aplausos)

Locutor. – También en esta ocasión destacamos la presencia del señor diputado nacional Eduardo Amadeo y la dirigente de la Coalición Cívica por Santa Cruz, Mariana Zuvic.

A continuación, invitamos a hacer uso de la palabra al señor José Eliaschev.

Sr. Eliaschev. – Buenos días.

Curiosamente hoy fue mencionado Karl Marx aquí, y yo quisiera comenzar diciendo que un fantasma recorre América latina y es el de las democracias populares.

Ayer llegamos de Washington con mi colega y amigo Joaquín Morales Solá y estaba llegando a estas horas quien también integró el pequeño grupo que viajó, el presidente de la Asociación de Derechos Civiles, José Miguel Onaindia. Fuimos a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y nos propusimos no hacer ninguna otra cosa más en Washington que no fuese hablar con la Comisión que reverenciamos los argentinos en recuerdo a su histórica visita en plena dictadura militar.

Lamentablemente, no está solo el gobierno argentino en esta cruzada, va de la mano de Rafael Correa, va de la mano de Hugo Chávez. Va de la mano de un discurso que sostiene que la libertad de expresión es en todo caso un lujo de la burguesía y un lujo del capitalismo, y que claramente es subsidiaria y subalterna a otras garantías sociales que ellos han inventado o que ellos de algún modo utilizan para sus campañas.

El hecho de no estar solos no es un consuelo. Yo quiero en estos breves minutos aprovechar para decir que lo que hoy estamos viviendo de manera cruda los argentinos, y que respiramos esta mañana gracias a la decisión de la Justicia ayer. Ha sido una mañana luminosa en todo sentido, y lo sigue siendo. Esto no empezó ahora ni empezó en 2009. Y sí, me hago cargo de lo que mencionaba el colega Ares, quizás ha habido mucho silencio entre nosotros.

El gobierno de Néstor Kirchner, que asumió en 2003, lo dijo con absoluta claridad. Solo podían engañarse quienes no quisieran leer lo que él mismo se preocupaba por aclarar. Iban a gobernar al margen de y en contra del periodismo. Yo lo escuché con mis propios oídos, y figura el relato en el libro Lista Negra, la vuelta de los 70.

En 2005, fui echado de radio Nacional. Hoy radio Nacional es definida por su propia directora como "la radio de los que ganaron", no la radio del país. Entre paréntesis: necesitamos ser autocríticos los periodistas. No podemos seguir llamando "televisión pública" a Canal 7 o "radio pública" a radio Nacional. Son gubernamentales, no son públicos. Pública es la BBC.

Esto no comenzó ahora, hemos in crescendo siempre en pos de ese final apocalíptico, que es un poco el disco rígido del kirchnerismo. Que haya tenido que venir una delegación de la Sociedad Interamericana de Prensa a escuchar estos agravios, estos reclamos y los agradecimientos de quienes decimos "Gracias por el oxígeno", y no por ninguna otra cosa, revela la involución de la Argentina. Porque lo que empezó tímidamente en 2003 y se fue acentuando en 2004 no terminaba de ser aceptado ni visto ni siquiera por los grandes editores. Los grandes diarios argentinos tardaron mucho en reaccionar, pensando que hasta ese momento lo que había eran simplemente problemas contractuales de periodistas que se victimizaban, cuando en verdad el itinerario y claramente lo que estaba sucediendo había sido marcado de manera muy evidente por los hechos de este gobierno.

La impostura clave de la ley de medios es que ellos –y no hay que cansarse de reiterar esto– han venido a decir que había que pluralizar y a horizontalizar la información cuando en sus propios medios establecieron comisariatos políticos ideológicos. Esto nunca pasó, ni siquiera en los peores años del gobierno de Menem. No hay una sola voz crítica en los medios del Estado, y no se necesitaba de ninguna ley para practicar la democracia, como hubo voces del peronismo durante el gobierno del doctor Alfonsín. Por cierto, nunca me olvidaré que el doctor Alfonsín me honró con su presencia cuando presentamos Lista Negra de la mano de Jorge Fontevecchia y Joaquín Morales Solá, quienes se atrevieron en 2006 a decir "Señores: estamos frente a un problema grave. No es el problema contractual de un periodista, esto marca un camino que no ha hecho sino evidenciarse en estos últimos años".

En definitiva, el caso argentino es grave per se, porque no es para nosotros y porque esta gente tiene un proyecto claramente definido y una vocación de poder que no se arredra ante nada, sino que lamentablemente hace eco y se articula con lo que ha vivido y vive Venezuela y con lo que ha vivido y vive Ecuador. De regreso a nuestra misión en Washington, debo decir que en Ecuador se percibe con mayor robustez, con mayor dureza y del modo más implacable este odio visceral hacia el periodismo, que en el caso argentino viene sazonado con el agravio que no necesitábamos. Un hombre que viene a decirnos que el atentado contra la AMIA no es tan grave como el bombardeo de Libia, y que no es desmentido ni siquiera rectificado por el gobierno anfitrión.

Así que vamos a seguir necesitando oxígeno. Tiene razón Gustavo cuando dice "Ojalá que no tengan que volver más ustedes". Sí para verlos, sí para compartir experiencias, sí para intercambiar figuritas, como decimos los periodistas; pero no para venir a decirnos "Señores: en la Argentina hay un proceso de fondo". El contraste de ayer del gobierno no nos debería ilusionar, cuando ellos dijeron que venían por todo no estaban mintiendo.

Muchas gracias. (Aplausos.)

Locutor. – Agradecemos la presencia y participación de la señora diputada nacional mandato cumplido Silvana Giudici.

A continuación, invitamos a exponer al señor Carlos Torrengo.

Sr. Torrengo. – Estoy aquí por decisión de Julio Rajneri, el director del Diario Río Negro, que había sido invitado, pero no pudo venir. Él está en la Patagonia y yo estoy aquí como periodista de ese diario y de otros medios.

Lo primero que quisiéramos desde el diario que se llevara la Comisión de la SIP es la idea de que vivimos un momento apasionante de la vida argentina. Cuando la libertad está en juego en mayor o en menor tenor, los momentos son apasionantes. Todos sabemos lo que significó el año 40 para Europa y para Inglaterra, y Winston Churchill decía, sin embargo, decía: "Vivimos un año apasionante". Hoy vivimos un tiempo apasionante porque es la libertad o parte de la libertad la que está en jaque.

En consecuencia, me parece que la Comisión de la SIP no se va a llevar una imagen de que vivimos los periodistas aterrorizados, pero sí que vivimos un tiempo de desafío y que se está dispuesto a encarar estos tiempos de desafíos. Hago mías también las palabras de Eliaschev y felicito a Carlos Ares por la carga humana que tuvo su discurso, sin olvidarse de los inolvidables 70, que también tuvieron lo suyo. Lo felicito en el sentido de que nosotros también tenemos que mirarnos hacia adentro. Podemos hacer de esta situación apasionante una oportunidad para mirarnos mejor a los ojos entre nosotros, decirnos quiénes somos y para que no suceda lo que muy bien le dijo ayer la senadora Estenssoro a Magdalena Ruiz Guiñazú en su programa, que en 1978, cuando vino la SIP, hubo solamente dos diarios que peleaban por la vida: el Buenos Aires Herald y el diario Río Negro. El Buenos Aires Herald vendería 6.000, 7.000, 8.000 números y el diario Río Negro –yo ya estaba trabajando allí– vendería 15.000 o 18.000. Estábamos tirados en la estepa y solos. Mientras los grandes medios miraban para otro lado y no salvaban vidas. Entones, lo que creo que tenemos que hacer de este desafío y de este momento tan apasionante utilizarlo como momento de sinceramiento con nosotros mismos sobre lo que queremos hacer de aquí en adelante cuando estén vencidos los enemigos de la libertad. Porque esta historia no va a ser fácil. Coincido con Eliaschev en cuanto a la caracterización que no nos pueden sorprender por el esquema de poder que se ejerce. Pero creo también, estoy persuadido, que así como la locura genera formas que a uno le llaman la atención, creo, como decía Bertrand Russell que cuando el poder pierde gestualidad, como la está perdiendo en estos días y en estas horas de cara a lo que está sucediendo, ese poder está cada vez más ajeno a la verdad y está muy cerca de la derrota. Nada más. (Aplausos.)

Locutor. – Vamos a cerrar esta ronde de exposiciones, antes de ir a las preguntas con la palabra del señor Nélson Castro.

Sr. Castro. – Muchas gracias, muy buenos días.

Estoy muy agradecido, como todos, de la invitación y de la presencia de la SIP y de que sea un ambiente claramente representativo de la República como el Senado, en el cual podamos expresar estas cosas. Porque para agregar dos o tres a aquellos conceptos excelentes que vertieron mis predecesores quiero decir que estamos hablando de algo esencial a la República. Y esto me parece un punto muy importante porque si no, con todo lo legítimo que es, parece que lo que estamos defendiendo aquí es algo casi corporativo, a veces. Y la verdad es que la libertad de expresión, que es esencial al trabajo del periodista constituye un pilar de la República, sin ese trabajo de los periodistas y sin la presencia de la prensa no hay posibilidad de construcción de una república y esto es algo esencial que nosotros estamos viviendo porque ayer el episodio que protagonizó la Justicia poniéndose de pie tiene que ver con la existencia o no de la república. Dicho de otra manera, si lo de ayer no hubiera sucedido, hoy estaríamos a las orillas de quedarnos sin república. Este es el primer punto que quiero marcar. De la trascendencia de lo que aquí se está discutiendo.

Y, por supuesto, cuando no hay república sufre la ciudadanía. Este es el segundo punto que quiero marcar. Nosotros somos un instrumento de la democracia cuando trabajamos con honestidad y este es nuestro desafío. Porque el periodismo libre y honesto es un instrumento fundamental para el desarrollo de sociedades más transparentes y democrática y esto es lo que en esencia está hoy en discusión en la República Argentina. Y por eso este intento de silenciar nuestras voces.

Junto con esto quiero marcar la realidad crucial que se vive en nuestro país. Así como nosotros estamos aquí, sería no sincero del reconocimiento de la problemática que enfrentamos señalar que hay otra parte de la profesión que no está aquí. Y que está convencida de que aquello que quiere hacer el gobierno es lo correcto y creo que también es parte de la problemática que hoy tenemos y que marca un éxito del gobierno en esta idea de destrucción del preriodismo. Porque la esencia que hay aquí y que ha estado claramente marcada por varios de los colegas y particularmente señalada por Alfredo Leuco y por Pepe Eliaschev porque son testimonios recogidos, no son comentarios es que el intento del gobierno y de quienes acompañan esta visión del gobierno desde la sociedad porque es un elemento también preocupante. Hay acompañamiento de sectores de la sociedad a esta idea del gobierno de que hay que terminar con el periodismo y que está en el centro de todos los males. Y por eso está esta idea de que si no hubiera pasado lo que pasó, más allá de cuál fuere la suerte de Clarín, hoy hubiera nacido una nueva Nación en la Argentina.

Quiero señalar esto porque nos marca claramente el panorama del futuro dificilísimo para el ejercicio de la profesión porque lo que hay aquí en juego es una metodología que no va a cesar y que tiene, además, junto con la difamación, la utilización de los medios públicos, no para criticarnos sino para difamarnos, en este método claramente Goebbeliano es la utilización del Estado para llevar adelante fenómenos del trabajo de intimidación del trabajo de los periodistas. A esto debemos oponernos claramente y debemos señalarlo y debemos señalarlo con la autoridad que nos da el señalarlo para todos, como lo señalamos días pasados cuando Clarín cometió un garrafal error al utilizar estos mismo métodos que criticamos para querer enjuiciar a periodistas y cuando ayer, lo hemos visto, con las denuncias del titular de la AFIP a dos colegas: Luis Majul y Matías Longoni por sus investigaciones. Este elemento de utilización del Estado como instrumento de intimidación de los periodistas es de una enorme gravedad, tiene antecedentes en la república, ya lo vivimos, no solamente en gobiernos dictatoriales, lo hemos vivido muchos de nosotros en parte de los gobiernos democráticos y, fundamentalmente, en la década de los ´90. Y lo estamos viendo perfeccionado ahora, como metodología presente y futura.

Tenemos tiempos difíciles hacia adelante, por eso es importante esta presencia de ustedes y por eso es importante que esto se discuta en estos ámbitos republicanos, porque en la suerte del periodismo se va a jugar, fundamentalmente, la suerte de la libertad y de la institucionalidad sin la cual no hay República. Muchas gracias. (Aplausos.)

Locutor. – De acuerdo a lo previsto se ha de iniciar una ronda de preguntas a los señores periodistas que va a estar a cargo de los integrantes de la delegación de la Sociedad Interamericana de Prensa.

Sr. Paolillo. – Voy a iniciar la ronda de preguntas yo.

La SIP siempre ha estado en contra de la concentración de medios en pocas manos porque eso tiene la potencialidad de afectar seriamente la libertad de expresión. Naturalmente la SIP se opone a los monopolios tanto públicos como privados y se opone mucho más a los públicos porque los privados afectan la libertad de expresión, pero los públicos llevan al totalitarismo.

Pero el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner sostiene que aplicando la Ley de Medios al Grupo Clarín estaría favoreciendo la democratización de la información y la pluralidad de voces en la Argentina, entonces, quisiera saber la opinión de ustedes sobre este argumento que maneja el gobierno. La pregunta es para quien la quiera contestar.

Sr. Eliaschev. – En breves palabras, podría decirse que hay dos almas en la Ley de Medios que fue acompañada, hay que decírselo sobre todo a los colegas del exterior por diferentes partidos de la oposición. No fue una ley avalada solamente por el oficialismo. Hay un alma aparente, superficial, según la cual es un instrumento de democratización y de ampliación de libertades, un alma antimonopólica esto es coherente con lo que ha sido toda la historia del kirchnerismo. Presentar causas nobles en nombre de los mejores principios, pero instrumentadas para los principios más subalternos.

En verdad, el único sentido verdadero de la llamada Ley de Medios ha sido pulverizar al Grupo Clarín como lo prueban en estas últimas semanas, cuando ya se entró en la devacle de los disparates más grandes, el intento de pretender que Telefónica no es el dueño de Telefé, uno de los cinco canales de televisión abierta de la Argentina. Y, en definitiva, terminar revelando, exponiendo y desnudando que el único sentido estratégico para la guerra llevada adelante por el gobierno era desagregar al Grupo Clarín específicamente quitándole una de sus dos joyas principales, la más importante la red de cable más importante de la Argentina Cablevisión y, en segundo lugar, uno de los canales de televisión abierta, Canal 13.

En verdad, esta es la realidad. Todo lo otro es una selva de conceptos, una ley preparada por semiólogos y comunicologos y no por periodistas y mucho menos por editores que atendía básicamente a este objetivo: suprimir la existencia de un grupo que había sido amigo y socio –amigo y socio del gobierno–, el Grupo clarín hasta mediados del 2006 y 2007 y que dejó de serlo. Esta es la interpretación más sencilla que podría ofrecer.

Sr. Paolillo. – ¿Alguno más que quiera responder esto? Para los colegas de la misión, si quieren hacer preguntas no tienen más que levantar la mano.

Voy a hacer otra pregunta. En nuestras entrevistas de estas últimas 48 horas hemos escuchado que el gobierno en la Argentina ha montado una suerte de cadena de medios a su favor tanto empleando los medios del Estado como medios privados que estarían alineados con el gobierno. Mi pregunta es –aunque ustedes han dicho que esto es así–: pero si es así, ¿es cierto que en este momento los medios audiovisuales del Grupo Clarín son los únicos lugares donde se puede ejercer la crítica al gobierno en la Argentina? Excluyendo los medios escritos.

Sr. Leuco. – No, no es tan absoluta esa definición. Es mi caso personal. Yo no trabajo para ningún medio del diario Clarín en ningún medio vinculado al Grupo Clarín desde hace 20 años y ejerzo con mucha libertad donde trabajo. En los medios en donde yo trabajo, que son audiovisuales y escritos, ninguno de los dos pertenecen al gobierno ni a Clarín. Sí es cierto en términos relativos, como se trata de la cadena de noticias TN y el Canal 13 que tienen alto impacto es verdad que, en el caso más concreto que apareció con más fuerza que fue el primer cacerolazo que prácticamente fue ocultado por los medios de comunicación oficiales y paraoficiales la presencia fuerte en las calles con sus cámaras de Clarín y de TN permitió que se conociera en todas partes. Pero todavía –y subrayo todavía– hay bolsones en radio, en televisión donde se puede ejercer el periodismo con total libertad y sin tener mayores dificultades con los dueños de los medios.

Sr. Paolillo. – ¿Alguien de la delegación quiere hacer alguna pregunta?

Marco Zilleri de la Revista Caretas del Perú,

Sr. Zileri. – Ayer mientras se desarrollaba la misión se desató el aguacero, estalló un buque con gases tóxicos y los pilares de la República Argentina tambaleaban sobre nuestras cabezas o así parecía. Y hoy tenemos este día. Me pregunto hasta qué punto la cautelar tiene algo que ver con este espléndido día.

Me gustaría que me contextualicen adecuadamente esta decisión que se ha tomado, la cautelar que se ha tomado. Y hasta qué punto tienen ustedes confianza de que finalmente se han este contencioso legal por el camino correcto. Muchas gracias.

Sr. Castro. – La situación es la siguiente y viene bien para dar la situación legal para aquellos que no la conocieren. ¿Cuál es la situación que se vive en relación a la Ley de Medios? Es una ley votada por el Congreso. La ley tiene dos artículos el 161 y el 45 de desinversión y de pertenencia de cable en relación a empresas extranjeras y Directv que son los dos cuestionados por el Grupo Clarín. El resto de la ley está en vías de aplicación absoluta sin grandes controversias. Tiene un problema de implementación –por algo muy importante que dijo Pepe Eliaschev–, la ley tiene una facultad que falla porque no hay grupos inversores en la Argentina para acceder a esos medios. Por lo tanto, los grupos que aparecen son afines al gobierno y que se van a mantener con la publicidad oficial.

¿Qué era lo que estaba en juego en el día de ayer o en estas horas? Una cautelar que ha presentado el Grupo Clarín, una controversia, un contencioso por estos dos artículos. El juicio no ha podido prosperar porque el gobierno no se presentó al juicio de fondo. Hubo maniobras efectivamente dilatorias, esto es real.

¿Cuál era la idea del gobierno? La idea del gobierno era que cayera la cautelar. Como obviamente, el fallo puede ser adverso a uno o favorable a otro. La idea era que cayera la cautelar, el gobierno actuara y, si en el futuro salía un fallo hipotéticamente favorable a Clarín, era impracticable, el Estado indemnizaría, pero ya esos medios no podrían volver a Clarín.

¿Cuál es el valor de la cautelar? El valor de la cautelar es decir: señores, hasta que no haya un fallo esto va a durar porque, obviamente, si el fallo no tiene posibilidades de aplicarse concretamente, produce en el caso que el medio que reclama pierda sus medios algo imposible de contratar, abstracto. Esto es lo que estaba en juego ayer.

¿Qué se discutía? El gobierno decía que caída la cautelar podía avanzar con la implementación de la ley. La acordada de la Corte, que era gris, daba a entender que, caída la cautelar, el Grupo Clarín tenía un año más para llevar adelante su plazo de desinversión. Y en esto el gobierno no está de acuerdo. Esta era la lucha y lo que se tenía que determinar.

¿Qué fue lo que sucedió ayer? Estas cámaras, recusadas, establecieron tres cosas fundamentales. Primero establecieron que la cautelar va a durar todo el tiempo hasta que haya una sentencia definitiva. Es muy importante la presencia de la palabra "definitiva" porque indica que cubre todo el período de apilación que va a haber en la causa. Va a haber un fallo que probablemente lo de el juez Alfonso hacia febrero y a marzo. Es más, los que conocen los pasillos de tribunales creen que ese fallo podría ser adverso a Clarín.

Va a haber una apelación que llegará a la cámara, el gobierno va a querer que llegue el per saltum y va a llegar indefectiblemente a la Corte. Eso puede durar un tiempo; entre uno y dos años. Así que el segundo elemento que dice de ayer el fallo claramente es que si después de la sentencia firme Clarín perdiera, tiene un año para aplicar el período de desinversión. El fondo de la cuestión no está definido y es, desde mi punto de vista objetivo, para el Grupo Clarín muy difícil. Va a ser una batalla judicial muy difícil. Los que conocemos cuál es el pensamiento de los jueces sabemos que está muy dividida la cosa en cuanto a qué posibilidades puede tener Clarín en la Corte Suprema, porque esto se va a decidir en la Corte Suprema.

Lo que sí esto marca que, evidentemente, vamos a estar en un proceso que llevará entre año y medio y dos años y medio.

Sr. Paolillo. – En el día de ayer, como todos sabemos, se conoció el fallo de la Cámara prorrogando la medida cautelar que pidió el Grupo Clarín y yo tengo, ante mí, en Ámbito Financiero también ayer el director del AFSCA, Martín Sabbatella con graves acusaciones contra los jueces. Dijo que "es una vergüenza el fallo porque lesiona la democracia"; que "esto demuestra que teníamos razón cuando dijimos que los jueces que viajaron a Miami financiados por Clarín terminan convertidos en su equipo jurídico"; "la Justicia argentina no está preparada para pelear con las corporaciones porque gran parte está colonizada por estas mismas Corporaciones" y, finalmente, dijo que "el fallo de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil y Comercial constituye un precedente nefasto y lamentable que pone un manto de sospecha ineludible en el funcionamiento de la Justicia". Me gustaría escuchar algún comentario sobre estas gravísimas acusaciones de corrupción contra la Justicia levantadas por el director del organismo que aplica la Ley de Medios.

Sr. Torrengo. – Posiblemente, así como el doctor recién hizo una muy buena definición que ni le faltan ni les sobran palabras, quizás a ustedes les falte información es acerca de qué bloque de poder está gobernando la Argentina. Este es un bloque de poder que no va por las colectoras; este bloque de poder busca resultados sin mirar consecuencias, sin referenciarse sobre daños y mirando solamente un objetivo permanente que es ir permanentemente a los extremos. El kirchnerismo es un bloque de poder que va permanentemente a los extremos. Hoy se discute en el seno del peronismo si Perón hubiera tratado la crisis del campo como la trató Kirchner. En general, en el seno del peronismo se dice que no, que Perón hubiera ido por otro lado, hubiese negociado. El kirchnerismo no negocia; es solución sin continuidad en función de un objetivo: acumular y reproducir poder. En ese marco es que entra lo de Sabbatella, en ese marco con despropósitos que a ellos no les interesan, como lo señaló muy bien Eliaschev; en ese marco entra el pálido ministro de Justicia que tenemos, con el desaforado verbo que aplicó en los últimos cuatro o cinco días. Es decir, esto no es un accidente, el kirchnerismo no es en materia de reproducir poder un accidente, algo muy temporal. Es lo que dijo hoy Eliaschev, algo que estaba marcado en sus orígenes, opera en función de sus orígenes, de designio de sus orígenes, los valores; cómo podemos juzgar eso es otra cuestión. Pero hay que entender esto como básico.

Sr. Otero. – Soy Miguel Henrique Otero, presidente Editor del diario El Nacional, de Caracas.

Esta es una película que ya nosotros la hemos estado viendo, pero con más años. La película se repite prácticamente calcada. La diferencia está en el sistema judicial. En Venezuela, el 80 por ciento de los jueces son provisorios. "Provisorios" es que no son electos por concursos sino que son escogidos a dedo y dependen del Ejecutivo.

Cuando un juez toma una decisión contraria al Ejecutivo es destituido. En algunos casos no solamente es destituido, sino que se le abre un procedimiento y se lo pone en la cárcel, como pasó con la jueza Afiuni, que es un caso que ha llegado a niveles internacionales. Ella liberó a un banquero que estaba preso por razones personales y eso le costó que le hicieran un procedimiento. Ya lleva cinco años en la cárcel —aunque ahora está con un beneficio de vivienda por cárcel—, lugar en el que le pasaron las cosas más espantosas del mundo con motivos bien dirigidos por el Ejecutivo.

El sistema judicial en un proceso donde el objetivo final es la reelección indefinida, es el control social, es el totalitarismo. Ese sistema judicial tiene que estar absolutamente controlado. En Venezuela tenemos una ley denominada "Ley Resorte", que es parecida a esta ley de prensa. Por supuesto, era necesaria como ley y se sustituyó una ley del '45, cuando no había ni siquiera televisión. También crea todos esos elementos democráticos de estaciones comunitarias y todas esas cosas con la que mucha gente está de acuerdo. Pero con el sistema judicial controlado y, a través de esa ley, han logrado tres cosas: cerraron Radio Caracas Televisión, que era el canal más importante del país. Han cerrado más de 40 estaciones de radio, abriéndoles procedimiento. Y, por supuesto, logran el tercer objetivo —quizás es el más importante— que es que hay 400 estaciones de radio autocensuradas, que es lo mismo que estuvieran cerradas desde el punto de vista político. Además, crean el delito de opinión, que los tribunales al servicio del gobierno pueden perseguir, encarcelar periodistas y abrirles procedimientos. Eso lo logran con un sistema judicial controlado, un sistema secuestrado por el Ejecutivo. Aquí pareciera que el sistema judicial está sometido a una gran presión, grandes amenazas, pero todavía resiste. Mi pregunta es la siguiente: ¿cuánto tiempo puede resistir el sistema judicial en un modelo que es calcado del modelo venezolano?

Sr. Eliaschev. – Quisiéramos tener la respuesta, mi estimado amigo venezolano.

Es cierto que usted establece un matiz importante. La decisión de ayer no nos permite mentir, marca un nivel de resistencia y de autonomía realmente muy encomiable. Pero la respuesta no está en el sistema judicial, sino que está en el cuerpo político argentino. En el caso de Venezuela se ha establecido una perpetuación sin fin aparente del señor Chávez. En el caso de la Argentina la re-reelección de la presidenta está, como usted sabe muy bien, condicionada por el marco político argentino. Creo que la respuesta está en el marco de las fuerzas democráticas argentinas. Si el país en las elecciones del año que viene, y sobre todo en las de 2015, logra generar una efectivización de la alternancia, el peligro venezolano, esperemos, —ese tipo de peligro venezolano— no se concretaría en la Argentina.

Hice mención antes —de regreso de Washington— sobre el fantasma de las democracias populares. Es cierto, esto que pasa en Venezuela, pasa en Ecuador y lo que sucede en la Argentina es muy parecido. La respuesta —repito— es política y está en la sociedad civil, en la capacidad de la sociedad civil argentina en la que yo, pese a todo, tengo cierto optimismo de generar una alternancia —no me importa de qué signo ideológico— para evitar que el camino de profundización del lema oficial "vamos por todo" se concrete.

Sr. Paolillo. – Una pregunta final para cerrar esta sesión.

En el marco de las entrevistas que hemos mantenido en esta delegación que ha venido a Buenos Aires nos reunimos también con miembros del Consejo de la Magistratura. Allí nos dijeron cosas que realmente nos pusieron los pelos de punta. Por ejemplo, un miembro del Consejo dijo que hay una persecución —cito textualmente— feroz, al mejor estilo fascista contra los jueces porque integrantes de la administración, o sea, del Poder Ejecutivo, avanzan sobre asuntos personales de los jueces, hay ataques a las familias de los magistrados y seguimientos de los servicios de inteligencia contra ellos. Quisiera saber si ustedes como periodistas tienen alguna información al respecto, si eso es una cosa ya ultraconocida en Argentina o es un hallazgo nuestro, no sé cómo llamarlo.

Sr. Castro. – Sí, esto es así. Ocurrió con el tema de uno de los jueces subrogantes que estuvo a cargo del Juzgado Civil Nº1, que iba a estar a cargo del juez Tettamanti. Así que esto es así. Pero además quiero decir que no solamente es así para los jueces, por eso fue una de las cosas que mencioné para nosotros, los periodistas. A nosotros, los periodistas, nos pasa exactamente lo mismo. Le ha pasado a Leuco, a Eliaschev, a Magdalena Ruiz Guiñazú, al doctor Bartolomé Mitre que está aquí presente, veo allí a la familia (Saie?), etcétera. Así que es la misma metodología que se aplica contra nosotros. Puedo mencionar el caso de Majul. Es decir, utilización de recursos del Estado donde va la AFIP, los servicios de inteligencia y demás con datos personales, datos de familias y presiones a las familias. Así que esto es así. Los casos son conocidos y diría que seguramente, a lo mejor en el futuro, a partir de esto, vamos a conocer más casos de gente que se anime a contar estas cosas públicamente. Muchos nos las cuentan privadamente y nos piden desesperadamente que no demos sus nombres por el peligro que esto significa para su familia. Pero cada uno de nosotros conocemos tanto casos públicos como casos que por protección a estas personas no damos a conocer.

Sr. Paolillo. – Quiero agradecer a las senadoras, a los colegas periodistas que nos han ayudado a comprender un poco más lo que está ocurriendo en este país y anunciar que nosotros vamos a leer unas conclusiones de esta misión al cabo de una reunión que vamos a tener de 14 a 16 horas en el Salón Azul del Senado de la Nación con diputados y senadores.

Así que muchas gracias senadoras, muchas gracias estimados colegas. Suerte. (Aplausos.)

Sra. Morandini. – Está a la firma el documento.

Sra. Presidenta. – Por último, decir que hubo algunos periodistas que invitamos y nos expresaron que querían venir, pero que si hubieran dicho públicamente lo que pensaban, tenían que renunciar inmediatamente a sus trabajos.

– Son las 12 y 52.

07/12/2012 Reunión organizada por la senadora María Eugenia Estenssoro Pág. PAGE 21

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