Reestatización de YPF: mi discurso

 Quiero agradecerle a la presidenta Cristina Kirchner por haber elogiado públicamente en este Congreso, el 1° de marzo, la gestión de mi padre al frente de YPF. Ella señaló que en esos años, la compañía alcanzó niveles récord de producción; y quiero agregar, porque he escuchado un sinnúmero de cosas en todos estos años, que de exploración también. Y esto lo supe por declaraciones del propio ex presidente Néstor Kirchner, que una vez dijo que había que volver a la época de Estenssoro, donde por cada metro cúbico de petróleo que se sacaba,se reponía un metro veinte. Esto es para no depredar las reservas, para seguir siempre de una manera sustentable ampliando reservas; algo que se dejó de hacer, no sólo en YPF sino en la mayoría de las empresas de este sector en estos nueve años, y uno se pregunta por qué el Estado no controló, porque el control es una función indelegable del Estado nacional y del provincial.
Si hablo de mi padre no es para ser autoreferente. Alguna vez lo escuché al senador Fernández decir "las viudas", no sé si se refería...
Sr. Fernández. – No.
Sra. Estenssoro. – Le agradezco, senador. Lo digo un poco en chiste porque no me gusta hablar de cosas personales.
Sr. Fernández. – En mi libro está explicado lo de las viudas. Ya voy a hablar de las viudas.
Sra. Estenssoro. – Lo digo porque en esa época se hicieron cosas importantes que para el futuro sería bueno tener un poco en claro.
Cuando mi padre murió, en 1995, YPF se había transformado en una multinacional argentina, de capital mixto, público privado, controlada por el Estado Nacional con yacimientos en Bolivia, Perú, Ecuador, Estados Unidos, Rusia e Indonesia. Era la petrolera número once en el ranking mundial. Mi padre entendía que, de cara al siglo XXI –y esto está en el registro de las reuniones del Directorio y, también, en las asambleas de YPF–, la Argentina necesitaba de una YPF fuerte, con una visión global que liderara en nuestra región.
Él recibió el mandato de privatizar YPF. Mi padre era un gran liberal, extremadamente privatizador, pero como amaba la Argentina y conocía el petróleo muy bien,sabía que éste era un recurso estratégico. Por eso decidió mantener a YPF en la órbita del Estado. Lamentablemente, ese sueño murió cuando su avión se estrelló en Ecuador, pero el golpe de gracia para YPF ocurrió cuando el ex presidente Menem decidió venderla a la empresa a Repsol. Vendió el 20 por ciento de las acciones del Estado más la acción dorada,
que garantizaban –el 20 por ciento más esa acción– que el Estado argentino siempre iba a ser quien decidiera el futuro y el destino y la conducción de YPF. Cuando Menem vende esas acciones, YPF pasa a ser una empresa española. En ese momento, como hoy, gran parte de la dirigencia política justicialista, muchos de ustedes estuvieron allí, aplaudían. Así como los medios de comunicación –en gran parte–, la dirigencia y los ciudadanos también, porque creían que era bueno; todo el mundo estaba contento.
El ex presidente Néstor Kirchner también acompañó enérgicamente esa decisión. En lugar de alzar la voz y defender la soberanía energética, vendió el 4,3 por ciento de las acciones de YPF que la provincia de Santa Cruz todavía tenía. En una entrevista que me hicieron en el Diario Página 12, en mayo de 1999, dije que ese era, seguramente, el último gran acto de corrupción del gobierno menemista. Hoy quiero expresarles a ustedes con pesar y con dolor y también a la ciudadanía que imagino nos está viendo que no podemos subsanar ese grave error. Creo que también hubo un ilícito ahí con otro acto de corrupción.
Aprobar el proyecto de expropiación de YPF sin antes revisar minuciosamente lo actuado por funcionarios de este gobierno, a mi juicio, implicaría convalidar las
responsabilidades políticas, administrativas y puede ser que también penales de varios funcionarios de este gobierno en la pérdida del autoabastecimiento energético nacional y el vaciamiento de YPF ocurrido en los últimos años.
En 2003, el ex presidente Néstor Kirchner recibió una Argentina autosuficiente y soberana en materia petrolera, pero una política energética equivocada llevada adelante por el ministro Julio De Vido y el ex secretario, –no ex, por ahora, lamentablemente– de Energía,Daniel Cameron, hizo que dilapidáramos, en ocho años, el autoabastecimiento nacional que supimos conseguir y consolidar tras ocho décadas de duro trabajo, desde 1922 hasta la década de los noventa.
El gobierno y muchos funcionarios han dicho −al igual que muchos senadores−,durante los años en que alertábamos sobre esta crisis energética que se avecinaba, que el consumo había subido mucho y que por ese motivo se importaba. Cuando la realidad −y muchos senadores también lo admiten− era que aumentó el consumo, pero colapsó la producción nacional. En lugar de acompañar y de planificar ese crecimiento, la producción nacional cayó: petróleo, 31 por ciento, y gas, 16 por ciento. Y lo más grave fue que las
reservas de petróleo cayeron un 18 por ciento, y las de gas, un 55 por ciento.
Desde 2003, este gobierno −no otro− puso en marcha una política irracional que castigó a los productores nacionales y fomentó las importaciones, hasta que perdimos el autoabastecimiento. Esto ya fue dicho, pero es importante señalar cómo se explica que a los productores nacionales que operan en la Argentina se les pague todavía 2,65 dólares el millón de BTU para producir en el país, mientras se importa gas del otro lado de la frontera −de
Bolivia− a 10 dólares, o se lo trae por barco −se están construyendo puertos para recibir el gas licuado que se trae por esa vía− a 17 dólares.
Culpar a la gestión de Repsol en YPF por la mayor crisis petrolera de toda nuestra historia es una simplificación y, a mi juicio, una trampa. YPF representa solo el 30 por ciento de la producción de gas y petróleo del país. Además, de las 14 empresas que lideran la producción nacional, 9 −entre ellas, Petrobras, Total, Chevron, Enap y Tecpetrol− tuvieron pérdidas superiores o comparables a las de YPF. Sin embargo, de eso no hablamos.
La pérdida del autoabastecimiento es el resultado directo de la visión y gestión de los funcionarios que siguen al frente del área. Esto se expresa claramente en la carta, a la que ya se refirió el senador Morales, enviada por el secretario Daniel Cameron a los ex secretarios de
Energía cuando, preocupados, le dijeron que se iba a perder el autoabastecimiento. El 11 de junio de 2011 −esa carta ya se la entregué a la Comisión de Presupuesto y Hacienda la
semana pasada−, a través de dicha nota el secretario Cameron decía: Una primera conclusión es que el autoabastecimiento es importante, genera seguridad, pero no es determinante ni extremadamente riesgosa la dependencia.
¿Qué pasó? ¿Ahora es una causa nacional, es lo más importante, es soberanía, pero hace aproximadamente un año el autoabastecimiento no era importante? ¿Cómo no íbamos a
perder el autoabastecimiento y llegar, el año pasado, a importar casi 10 mil millones −este año la cifra asciende a 12 mil millones de energía−, si no sabemos si Cameron, quien sigue al frente del área, cree que es una cuestión estratégica? Me pregunto −y les pregunto− por qué la
presidenta no le pidió todavía la renuncia al secretario de Energía, y por qué ha premiado al ministro De Vido −el superior directo de Cameron− con la intervención de YPF, si pesan sobre sus espaldas la tragedia de Once, la crisis de los ferrocarriles, los escándalos del área de transporte y el colapso de la producción petrolera del país.
Me alegra que la presidenta haya decidido, por fin, sancionar a los responsables del vaciamiento de YPF, situación que denuncié en este recinto, en la sesión del 16 de julio de 2008, y que muchos expertos y periodistas han denunciado desde entonces. Sin embargo, en estos últimos años, la presidenta y sus ministros y secretarios se siguieron abrazando con los directivos de Repsol y del grupo Eskenazi. ¿Por qué, si toda la información que dimos era pública, era información oficial?
Con relación al proyecto en consideración, me pregunto por qué se propone expropiar solamente al grupo Repsol y eximir al grupo Eskenazi. Además, me imagino que el gobierno
sabrá que no se trata de una sociedad argentina, pues está registrada en Australia. Asimismo de los documentos oficiales de YPF, que están publicados en la página de Internet de la Comisión Nacional de Valores, queda claro que el retiro de utilidades extraordinarias −255
por ciento en 2008; 140 por ciento en 2009− se acordó para que la familia Eskenazi pudiera comprar el 25 por ciento de las acciones sin poner plata, solo con las ganancias de la propia compañía.
Los Eskenazi, que han sido tan vaciadores como Repsol, van a ser eximidos y quedarán con más porcentaje accionario, incluso, que las provincias petroleras, que son las
que tienen el dominio de los hidrocarburos. En la nueva conformación de YPF, los Eskenazi tendrán el 25,5 por ciento de las acciones; las provincias, 24,99 por ciento, y la Nación un poco más que los Eskenazi, 26,4 por ciento. ¿Esto es un premio? ¿Tenemos que convalidar
eso? El acuerdo societario firmado entre Repsol y Eskenazi, en febrero de 2008, y los balances de la compañía −que dan cuenta del vaciamiento− fueron aprobados y llevan la
firma del director del Estado en YPF, el señor Santiago Carnero, actual miembro del Directorio del Banco Central. No se trata del señor Baratta, quien estuvo justo hasta que
entraron los Eskenazi, se retiró y entró Carnero. Posteriormente, Baratta volvió a entrar en 2011, cuando ya se había producido el vaciamiento. Esos balances también fueron firmados por la síndica del Estado en YPF, Silvana Rosa Lagrosa, integrante de la SIGEN. Tanto los balances como el acuerdo societario los entregué a la Comisión de Presupuesto y Hacienda la semana pasada para que pudieran ser consultados. ¿Cómo el gobierno todavía no ha separado
a estos funcionarios y puesto a disposición de la Justicia, si ellos, que tenían que velar por los intereses de los argentinos, aprobaron los balances y los acuerdos societarios como si fueran cosas absolutamente regulares?
Si queremos entender cómo llegamos hasta aquí, a esta situación de pérdida de la soberanía energética y del autoabastecimiento, también habría que preguntarles a muchas de las provincias petroleras por qué, desde 2007, entregaron la mitad de las estratégicas concesiones de exploración a contratistas del Estado muy cercanos al poder y que no tenían ninguna experiencia en petróleo. Me refiero a los empresarios Cristóbal López, Lázaro Báez, José Luis Manzano, Daniel Vila, Eduardo Eurnekian y Raúl Moneta, entre otros. Muchos de ellos se han asociado en sus áreas a petroleras tradicionales que disponen de conocimiento y capital. O sea que han hecho un negocio millonario de intermediación. Muchos de estos nuevos petroleros ahora son, al mismo tiempo, contratistas del Estado, dueños de medios y dueños del petróleo. ¿Es este un modelo de distribución de la riqueza? A mí me parece que es más un modelo de hiperconcentración de la riqueza y del poder; y también un modelo muy riesgoso.
Realmente, podríamos pensar que estamos dando vuelta la página de un capítulo muy oscuro de nuestra historia petrolera, si los responsables políticos, administrativos y
empresarios fueran investigados y sancionados por igual. Pero no es lo que se está haciendo,sino todo lo contrario. Creo en el rol del Estado, en un Estado que tenga una política energética sustentable y de largo plazo, y en una empresa petrolera controlada por el Estado como brazo ejecutor de esa política. Pero creo en un Estado serio, profesional, transparente, que se sujeta a la ley, que planifica, que controla y se deja controlar y que, cuando se equivoca y comete errores, no ataca a unos para encubrir a otros. He escuchado a diversos funcionarios del gobierno, incluido el vicepresidente Boudou, decir que, de cara al futuro, están pensando en un modelo similar al de Estenssoro o al de Petrobras para YPF. En ese sentido, quiero señalar que así como el Brasil miró hacia la Argentina, en particular a la YPF estatal fundada por Mosconi, para crear Petrobras en 1953,en 1997 volvió a mirar a nuestro país para diseñar una ley que desreguló el sector de los hidrocarburos. Se trató de una norma muy moderna, que creo que nosotros tendríamos que emular. De esa forma, Petrobras se transformó en una empresa mixta de capitales públicos y privados que cotiza en las bolsas internacionales. Nunca, ni el modelo Estenssoro ni el modelo Petrobras permitirían que hubiera accionistas que fueran empresas competidoras que estén dentro del Directorio y que tengan acciones. Ese loteo del capital y de la conducción, justamente con contratistas y competidores, es lo peor que le puede pasar a la YPF futura.
En 1997, varios directivos, técnicos y gerentes que trabajaron con mi padre fueron convocados a Brasilia para exponer ante los legisladores. Qué bueno hubiera sido si nosotros en esta oportunidad, en lugar de votar a las apuradas, hubiéramos hecho lo mismo: aprender de las mejores prácticas internacionales, convocar al Congreso a los funcionarios y a los legisladores de Brasil y de otros países; es decir, a todos aquellos de quienes podemos aprender.
La Argentina necesita una YPF argentina, pero antes que nada necesita una nueva política energética nacional, sustentable y de largo plazo. Hasta ahora nadie nos ha presentado ni un plan energético para el país ni un plan estratégico para la nueva empresa. Se nos exige,en cambio, que votemos en una semana, a libro cerrado y con los ojos vendados un proyecto de expropiación.
Realmente, hubiera querido ser parte de un nuevo comienzo en materia petrolera. Pero por todas las razones expuestas me es imposible acompañar la iniciativa en consideración. En todos estos años nunca he tenido dificultad para saber cómo iba a votar. Pero desde hace muchos días, la verdad es que me es muy difícil decidir mi voto. Y lo voy a decir ahora porque temo que en pocos minutos pueda cambiar de opinión.
La razón me dice que debería votar negativamente porque creo que se trata de un engaño, una estafa emocional e ideológica que se hace a los argentinos, porque detrás de algo que todos queremos se ocultan todas las cosas que he enumerado, y que no son opiniones ya que generalmente trato de respaldar lo que digo. Con todo respeto digo estas cosas ya que sé que todos ustedes creen en lo que hacen, pero detrás hay demasiadas irregularidades que no están siendo consideradas.
La razón me dice que debiera votar en contra de este proyecto, pero el corazón me dice otra cosa. Yo creo que los hidrocarburos son estratégicos. Mi familia y yo llegamos a la Argentina en los años sesenta, en la época de Frondizi, y siempre escuché que la Argentina podía ser un país grande en materia petrolera e industrial, comparable a los grandes países del mundo. Me crié con ese ideal y sigo manteniéndolo ya que, como decía la señora senadora Norma Morandini, aquí todos somos patriotas, no solamente aquellos que están de un lado, y en nuestra vida, seguramente, todos tenemos testimonios de vida importantes.
Como decía, porque creo en el rol del Estado y en una YPF profesional en la órbita del Estado, y no degradada como fue la de Mosconi y Silveyra que tanto se recordara; y porque creo que algún día debemos encaminar al país, voy a ser prudente y en vez de votar en contra solicitaré permiso para abstenerme de votar.

 

Ver videos de la intervención en el recinto:

 

http://www.mariaeugeniaestenssoro.com/newsite/video-galeria/252-estatizacion-de-ypf-parte-1

http://www.mariaeugeniaestenssoro.com/newsite/video-galeria/253-estatizacion-de-ypf-parte-2

 

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