Mi historia personal

 

Historia familiar y política

 

Nací en La Paz, Bolivia, en 1958, de padre y madre bolivianos. Llegué a la Argentina a los 4 años y apenas cumplí 18 me naturalicé: desde que recuerdo quería ser argentina.

Me crié en un ambiente de pioneros y empresarios. Mi bisabuelo materno, un agrimensor de apellido Lavadenz, descubrió el petróleo en Bolivia. Su hijo, Jorge, fue uno de los fundadores de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos, y mi padre, José “Pepe” Estenssoro, “heredó” esa profesión. En la Argentina llegó a presidir YPF, la petrolera estatal, durante la época de mayor producción nacional y expansión internacional. Su sueño era que YPF fuera una de las petroleras líderes del mundo. El desarrollo del gran potencial de la Argentina fue, desde nuestra llegada al país en los años 60, un leit motiv en la vida familiar.

El apellido Estenssoro está, sin duda, ligado a la política. Mi tío abuelo, Víctor Paz Estenssoro, fue tres veces presidente de Bolivia y fundador del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) que en los años 50, al igual que el peronismo en la Argentina, introdujo grandes cambios sociales en la política boliviana. A poco de andar, sin embargo, surgieron serias diferencias entre Paz Estenssoro y mi abuelo (su primo hermano), quien fue exiliado y murió en Perú, sin regresar a su país. Por el lado materno, el general Hugo Banzer, primo hermano de mi abuela, fue dos veces presidente: primero de un gobierno de facto y luego fue elegido democráticamente.

En mi familia han convivido, compartido y combatido entre sí parientes nacionalistas, liberales y militares. Con los años, esta herencia me enseñó a mirar la realidad desde varias perspectivas, a través de múltiples cristales, evitando los dogmatismos. Las posiciones extremas y los fanatismos han dejado profundas heridas en la vida de las personas y en el tejido social de la turbulenta América latina. Por eso creo que la misión de mi generación es sanar esa historia dolorosa, buscando siempre los puntos de unión y no de confrontación. De allí que me inspiren líderes morales de gran coraje humano y político, como, por ejemplo, Gandhi, Nelson Mandela y Michelle Bachelet. 

Mis padres se radicaron en la Argentina en 1962. Mi padre llegó a los 28 años para instalar una empresa norteamericana, la mayor fabricante de trépanos para perforación de pozos petroleros. Vino atraído por los vientos desarrollistas de Arturo Frondizi. Claro que a los pocos meses de arribar, con su esposa e hijos, Frondizi fue derrocado por un golpe militar.

Crecí en San Isidro y me eduqué en el colegio Northlands, en una familia liberal en lo económico y conservadora en lo político, junto a mis cuatro hermanos, dos mujeres y dos varones. La política fue un tema de conversación constante en mi infancia y adolescencia. En ese entonces, los gobiernos se sucedían unos a otros, vertiginosa y violentamente, entre militares, radicales, la vuelta de Perón, la matanza de Ezeiza, la masacre de Trelew, la muerte de Perón, Isabelita, la Triple A, el nefasto terrorismo de Estado. Yo entendía que algo andaba mal, y que en ese caos de todos contra todos el sueño de una Argentina grande, que “volviera a ser lo que había sido”, siempre fracasaba. A los 15 años decidí cursar cuarto y quinto año al mismo tiempo para terminar el secundario lo antes posible. Quería estudiar literatura y periodismo en Estados Unidos y en Europa para entender cómo funcionaba el mundo y poder aportar, como periodista, propuestas para mi país. Llegué a Smith College, en Massachussetts, una de las pocas universidades de mujeres que quedan en el mundo, en septiembre de 1975, y pocos meses llegó el golpe militar.

Recién volví definitivamente a la Argentina en 1983, en medio del entusiasmo por el retorno a la democracia. Mi primer trabajo consistió en cubrir nada menos que la elección de Raúl Alfonsín para la revista Time. Desde entonces me ha impulsado una misma vocación: contribuir a que la Argentina se transforme en una sociedad verdaderamente democrática, libre, justa, que brinde igualdad de oportunidades a todos los ciudadanos y logre desarrollar si enorme potencial… en paz.

 

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La Fundación Equidad, presidida por María Eugenia Estenssoro, es una organización sin fines de lucro que implementa programas sociales y educativos utilizando como herramientas básicas la computadora e Internet.