Magdalena y el rol de la mujer

 

-Magdalena, ¿por qué elegiste ser periodista? Leí que en el año 1954 empezaste a trabajar de periodista. Era una profesión no muy habitual, y menos para una mujer…
-No, no era para nada habitual. En mi casa éramos nueve hermanos, y un día, mi hermano mayor, Enrique, que me llevaba 24 años, aparece con una revista que acababa de llegar a Buenos Aires, que era París Match. Cuando vi esas dobles páginas de fotos con diez líneas en que estaba resumida la historia, pensé: “Esto es lo que yo quiero hacer”. Por eso, muchos años después fui a un remate y me compré una cámara de 16 mm con la que filmaba mis propios reportajes.
-¿Creés que te costó más por ser mujer llegar adonde llegaste? Porque hay muy pocas mujeres que estén en el liderazgo del periodismo político, y vos lo mantenés desde hace varias décadas. No hay muchas mujeres que sean columnistas políticas o que dirijan diarios, canales de televisión o programas políticos.
-Es cierto, no lo había pensado. No creo que sea una cuestión de sexo sino de vocación, tanto en un hombre como en una mujer. Tuve mucha suerte: me acuerdo de la primera nota que hice para una revista que se llamaba Vea, que era algo así como un anticipo de París Match. Estaba en Buenos Aires la contralto negra Marian Anderson, yo me moría de ganas por hacerle una nota y entonces fui con mi hermana mayor que conocía al director de Vea, Emilio Ramírez. Y yo, muy caradura, le dije: “Señor Ramírez, yo quisiera hacerle una entrevista a Marian Anderson”. Y él, admirable, porque una pesada, una chica de apenas 17 años, lo único que dijo fue: ¿La entrevista la va a hacer usted (mirando a mi hermana) o vos?” Cuando mi hermana le aclaró que iba a ser yo, Ramírez tuvo una generosidad extraordinaria: “Bueno, vaya al hotel donde está esta señora, haga la entrevista y yo le voy a mandar un fotógrafo”. Y así fue mi primera entrevista.
-Otra cosa que debió haber sido difícil es la combinación de los roles de madre de cinco hijos y de periodista, levantarte a las cuatro de la mañana…
-Cuando los chicos eran chicos no me levantaba a las cuatro de la mañana. Esto es una cosa de los últimos 25 años. Ya son todos grandes, profesionales, tienen a su vez hijos. Mi hijo mayor se murió, lamentablemente. Era médica, mi hija mayor también es médica, tengo dos hijos médicos, un arquitecto, una antropóloga forense…
-¿En el Equipo Argentino de Antropología Forense?
-Sí, mi hija Mercedes Doretti es una de las fundadoras. Cuando vino al país Clyde Snow, el famoso antropólogo que armó el equipo argentino, los chicos no se habían recibido todavía porque bajo los militares la facultad estaba cerrada y organizó con estos chicos tan jóvenes un equipo que hoy es conocido en el mundo entero.
-Que fue el que permitió no solo identificar a los NN que estaban en la fosas comunes sino también a los hijos de desaparecidos.
-Efectivamente. Y después otra de mis hijas es la representante de la revista Vogue en la Argentina y hace otro tipo de periodismo, pero le encanta.
-Muchas veces se piensa que sos de una familia de la alta sociedad y que eso es un privilegio. ¿Lo fue o a veces te puede costar el doble mostrar que, además de haber tenido una situación familiar más fácil que otros, podés pensar, estar comprometida social y políticamente?
-En realidad, te lo digo con crudeza: en mi casa no había un mango partido por la mitad. No teníamos plata porque mi padre, incluso, cuando viene la revolución del 4 de junio (de 1943) no tenía edad para jubilarse, y en aquel momento él era canciller y fueron muchos años hasta que el presidente Frondizi le ajustó su jubilación. Así que trabajábamos todos. En ese aspecto, nada de ir de vacaciones a Mar del Plata, todo era muy austero, pero yo tengo un recuerdo muy lindo y de mucho cariño. Una mesa familiar grande donde nunca se hablaba de dinero nunca. Se hablaba de otras cosas. Justamente, mucho de política mucho y de lo que cada uno leía. Todos éramos muy lectores, y eso también es otra cosa que les debo a mis viejos.
-Y eso te impulsó a escribir a vos también.
-Supongo que sí.
-Porque además sos novelista. ¿Cuál es el secreto para levantarte a las cuatro de la mañana, tener cinco hijos y no sé qué cantidad de nietos, hacer varias entrevistas en medios gráficos y, además, escribir novelas?
-Bueno, son cosas que me encantan. Yo por ahí te veo en esas discusiones en el Parlamento, sentada horas en la banca, y yo pienso que no tendría paciencia. Es una cuestión de vocación. Y poder hacer lo que uno le gusta es fantástico.
-¿Qué le aconsejarías a un joven periodista hoy, en que esta profesión está muy de moda, pero también existe una mirada un poco cínica del rol de los medios?
-Que lea. Se lee mucho menos. Y la lectura es un tesoro… Como siempre les comento a mis nietos, es una computadora que nadie te va a poder robar nunca, nadie va a poder entrar nunca, vos la vas a manejar. Pero hoy, en general, se lee menos. Está en crisis esa cosa de la biblioteca propia, del libro marcado… Además, como ahora hay libros virtuales, es otra cosa. A mí me impresiona cuando en la playa ves a la gente que hace así (hace un gesto con la mano) y se borra la página. Me parece trágico que se borre la página, terrible. Prefiero el papel.
-Lo que vos decís de la literatura, la filosofía o la historia es que, en realidad, los problemas que tenemos hoy son los mismos de siempre y que ya los han pensado los distintos escritores o filósofos y que por eso vale la pena leer porque así uno puede mirar la realidad con más profundidad. ¿Ese es el tesoro que vos decís?
-Claro. Porque no hay dos mentes iguales, por suerte. No hay dos apetencias literarias que sean absolutamente gemelas. En general, hay muchos matices y eso es parte de la sal de la vida que es leer. Por eso hay que leer. Por eso me da mucha tristeza cuando observo que la virtualidad y la imagen, en muchos casos, reemplazan la letra escrita.
-¿Cuál es tu sueño para los próximos años? ¿Hay algún sueño que no hayas realizado? Porque da la impresión de que sos una mujer intensa que ha hecho todo lo que ha deseado en la vida… ¿O hay algo que todavía te queda pendiente?
-Poder volver a realizar ciertos sueños, algunos viajes como lo hicimos con Sergio, mi compañero, con el cual estuvimos juntos 27 años, nunca nos casamos …
-Como mujer has abierto muchos caminos. Empezaste periodismo cuando eran pocas las mujeres, llegaste al periodismo político a los primeros lugares y lo mantenés ahí hace varias décadas y son muy pocas las que llegan. Te has dado el gusto de tener una familia numerosa, nietos y además un matrimonio como vos querías, sin las reglas que imponía en su momento la sociedad. O sea que has sido una mujer muy libre. ¿Te sentís que has abierto puertas para otras mujeres?
-No lo sé, no me atrevo nunca a pensar así. No me atrevería a pensar que uno influye tanto en otro. Pero lo importante es la buena intención. Tener la buena intención de hacer las cosas de la mejor manera posible y de la manera más honesta posible.
-Sé que no creés mucho en que exista el Día de la Mujer, pero ¿qué pensás de la ley de cupo? Seguramente yo soy senadora de la Nación porque hay ley de cupo. Hasta hace 20 años, cuando no existía, el Senado tendría una sola mujer senadora, la mayoría no llegaba y no creo que haya sido por falta de educación o de capacidad... Entonces, ¿qué te parecen estas políticas activas de abrir las puertas para que las mujeres y las minorías puedan acceder a ciertos cargos?
-Eso del Día de la Mujer es un gracioso regalo que los señores nos hacen. No hay un día del hombre, no hay un día del ser humano. Sería bastante lógico. Se recuerda a las mujeres igual que a la gente que tiene problemas de discapacidad, de pobreza, y entonces se cree que la mujer tiene que tener un lugarcito. No, la mujer es muy poderosa también. Lo del Día de la Mujer siempre me pareció que era bastante injusto.

 

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